Como acupuntor me atrevo a decir que practicar Qi Gong es una acupuntura sin agujas, basada en diferentes tipos de respiraciones y movimientos que favorecen el flujo y modulación de la energía, optimizando la salud física, psicoemocional, energética y espiritual. Para ello hay que comprender que se está haciendo a través de la practica y experimentar los fenómenos de forma fluida.

El conocimiento de la Medicina Tradicional China me da una visión profunda sobre la relación entre la energía (que sustenta la materia) y la salud (que mantiene la vida). Aplicar este conocimiento a la práctica de Qi Gong me permite «hacer acupuntura a través del movimiento». Evidentemente, esto requiere conocer además de la anatomía física, la energética y la «trama sin hilo» existente entre el estado molecular, lo físico y demostrable científicamente, y el estado onda, que apenas hemos empezado a descubrir, etiquetado como física cuántica. Esto me lleva a tener un claro objetivo: favorecer en los alumnos la experiencia de sentir la interacción existente entre lo físico y lo vibracional. Esto es gracias a lo que llamo Sintonía Interior.

Wuji. Cuando empezamos la clase, WU JI es el medio para empezar a soltar la tensión física y el diálogo mental. Al ser una postura estática, permite poner el foco de atención en la respiración abdominal o Budista, ayudando a relajarnos y a poner en marcha una serie de pasos que van a facilitar el paso de la conexión mental a la corporal: relajar los puntos de tensión y las rodillas, ensalivar la boca, la son- risa suave, bajar la barbilla, etc… Son un preámbulo para ir sintonizando internamente y conectarnos con el observador.

Habitar el cuerpo. Este estado de conexión interna facilita tomar consciencia de que hay una entidad que habita el cuerpo, algo que a los occidentales nos puede costar trabajo entender al principio, debido principalmente a la falta de práctica meditativa, tiene una palabra que la define interocepción.

Interocepción significa, literalmente «percepción interna» del cuerpo físico, es una forma de sentir las sensaciones corporales. Esta percepción interna es posible gracias a la capacidad que tenemos para conectarnos con las diferentes sensaciones profundas, lo que requiere de una disposición de «mantenerse a la escucha».

En la práctica de Qi Gong insisto mucho en la percepción de pequeños detalles físicos como la respiración, la distribución del peso en la planta de los pies, la tensión-relajación muscular, y más sutiles como sentir la energía entre las manos, el flujo de Qi por los meridianos o la plenitud del dantien al terminar la práctica.

El Observador. Poco a poco, a través de la práctica, vamos descubriendo que además del movimiento mental (ideas, pensamientos, imágenes, recuerdos, preocupaciones…), existe la posibilidad de observar el flujo del mental. Y lo que observa la mente no es la mente. A través del desarrollo y la práctica de la atención, vamos descubriendo la capacidad de OBSERVAR: lo interno y lo externo, lo mental y lo emocional, lo físico y lo sutil, sin juicio, sin identificación, sin apego, solo observar, indagar e identificar.

Estar en modo Observador nos permite RECONOCER la interrelación entre nuestro interior y el exterior, y sobretodo las formas egoicas que determinan nuestras elecciones inconsciente y reacciones.

En el chamanismo tolteca se habla del Testigo, aquella porción de la conciencia luminosa que atestigua nuestras formas de actuar, reaccionar, pensar, sentir, en definitiva la percepción limpia y no condicionada de interactuar con nosotros mismos y nuestro entorno.

Mantenerse a la escucha. El inconsciente se manifiesta a través de padecimientos físicos y de situaciones del día a día, que experimentamos con nosotros mismos y con otras personas, que mueven emociones y nos ayudan a dar- nos cuenta de cómo funcionamos. Así el inconsciente se hace consciente.

Habitar el cuerpo nos permite experimentar sensaciones, vibraciones que surgen de lo profundo, pues el cuerpo que somos nos habla. Y nos habla tanto en volumen, como en forma de metáforas o «enfermedades».

El volumen tiene cuatro intensidades, que van desde lo sutil al grito. Sutil es cuando nos sentimos relajados, y bien a nivel físico y psicoemocional, bien con nosotros mismos. Es una sensación fluida de bienestar. Susurro, es cuando el cuerpo nos avisa de forma suave que algo no va bien, no hay buen sueño, hay más cansancio y/o desgana, es una sensación de incomodidad llevadera. Si no hemos prestado suficiente atención al susurro, el cuerpo nos habla en forma de molestias que nos incomodan mucho, en forma de tensión, contracturas, que no nos llegan a incapacitar, y que nos ponen en sobreaviso de que hay una incapacidad de autorregulación. Lo habitual en este caso es que nos narcoticemos con antiinflamatorios, analgésicos, protectores de estómago, anulando así el aviso del cuerpo con un anti-. Y finalmente el cuerpo grita principalmente a través del dolor (de cabeza, articular, fiebre…) incapacitándonos, pues el dolor es la forma de paralizarnos, de pararnos, de hacernos romper con la rutina, para replantearnos qué está ocurriendo. Hay que estar abiertos a sentir, pues esto nos ayuda a atravesar el sufrimiento.

El inconsciente nos habla. El inconsciente no solo es la fuente desde donde surgen los sueños y las pesadillas de forma simbólica, también se expresa a través de metáforas corporales (ver conflictos biológicos y biodecodificación).

Para saber que nos quiere decir el inconsciente es necesario pararnos a Escuchar al cuerpo, también puede ayudarnos en nuestro crecimiento personal al ser una forma de autoconocimiento, pues todo padecimiento al verse de forma simbólica facilita la apreciación del aprendizaje que se manifiesta a través de la «enfermedad»: asma (mi madre me asfixia), bronquitis (tristeza, decepción), hepatitis (rabia, frustración), hombros y cuello (sobre- carga y desconexión entre cabeza y corazón), lumbalgia (miedo a no poder, a no tener)…

Respirar conscientemente. En Qi Gong practicamos muchas formas de respiración (abdominal, invertida, torácica, subclavicular, completa…) y nos ayuda a modular y dirigir el flujo de energía y ha interiorizarnos, al ser un «anclaje» para mantener la atención.

Aunque está muy de moda mindfulness, en realidad es una adaptación de la meditación Vipassana, muy presente en la meditación Chan (en Japón Zen), transmitida por Bodhidharma. Respirar conscientemente permite desarrollar el foco de atención y la conciencia plena, esenciales para habitar el cuerpo y conectar con lo que somos y a la vez, desconectar de aquello que creemos ser y con lo que estamos identificados.

La práctica de Qi Gong nos puede permitir experimentar todo esto y a la vez apreciar el origen de nuestros padecimientos para tratarlos adecuadamente con las diferentes formas que practicamos.

Qi Gong Chi Kung Sevilla Terapias Alternativas Conciencia Cuerpo

¡Despierta!

Ayuda a tus contactos a tomar conciencia. :)