Lejos de pretender desestabilizar este sistema caduco y enfermo, con «ma- las intenciones», violencia o acritud, totalmente desidentificados de tendencias o extremos políticos, nacionalismos o cualquier pensamiento, emoción o acción orientada a la separación o al daño ajeno, sentimos que la unión hace la fuerza y que llevan muchos siglos catalogándonos por regiones, estados, países, razas, colores y finalmente con fronteras, con el claro objetivo de se- pararnos (divide y vencerás).

Desde la primera guerra mundial nos hemos ido industrializándonos, apoyándonos cada vez más en máquinas y tecnología, pasando de ser ciudadanos a ser inquilinos del mundo. Somos esclavos, esclavos de nuestras creencias, de nuestro ego y del sistema que sabe aprovecharse de nuestra hipnosis y adormecimiento. Y esto va a seguir así, mientras no despertemos del «sueño». Somos muertos en vida (zombies), robots que actúan de forma automática, sin pensar realmente lo que hacemos y las consecuencias de nuestros actos.

Ha llegado el momento de decidir conscientemente y aceptando todas las consecuencias, si lo que queremos es seguir siendo esclavos del sistema, divididos y enfrentados, consumiendo sin control alguno los recursos limitados del planeta o iniciamos una nueva civilización responsable, comprometida y dispuesta a compartir en vez de competir.

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Es necesario por muchos motivos, un desarrollo sostenible que deje de destruir la naturaleza y de agotar recursos innecesariamente, y abandonar el camino de la capitalización del mundo y de la humanidad, dejando de seguir inconscientemente la agenda de esa jerarquía deshumanizada, que cada vez con más facilidad, maneja los hilos del poder y nos conduce a un mundo globalizado y sometido por el control total.

Si quieres dejar de ser un esclav@ y ser un humano libre, hijo de la Tierra, ser igual que otros, sea cual sea su raza, color o religión, no puedes seguir el camino propuesto por la agenda de la política internacional, que nos esta conduciendo a una situación deplorable, pidiéndonos que nos apretemos el cinturón y a la vez que nos bajemos los pantalones, perdiendo derechos humanos y provocando cada vez más confusión y opresión social, porque lo único que les importa es el poder, el control y la economía, por cierto, palabra muy mal aplicada, porque no economizamos nada, ya que la consigna es consumir, y si esta forma desproporcionada de consumo conseguimos pararla (consumo responsable), el sistema se colapsa (system failure), ya que funciona gracias a los esclavos que dedican su vida a trabajar para pagar (hipotecas, préstamos, impuestos, contribución) y poder seguir consumiendo (poder adquisitivo). Si el sistema se bloquea, está obligado a reiniciar o empezar una nueva modalidad de economía, pero esto no le interesa porque pierde cuota de poder, lo que le lleva a «falsificar» las cuentas y va a exigir un sacrificio social (recortes), en vez de aceptar una nueva forma de economía (el trueque parece ser que está prohibido). De momento no están prohibidos los bancos de tiempo, pero parece ser que no estamos maduros para vivir sin dinero.

Uno de los motivos por el que estamos en crisis, entre otros muchos (unos circunstanciales y otros provocados), es el uso de las tarjetas de crédito (a través de las tarjetas lo saben todo sobre nosotros) o «dinero de plástico», que es una forma virtual de economía y control, que a los más dormidos les permite gastar y consumir más de lo que tienen o pueden, haciéndoles vivir en una cierta dependencia. Esto mis- mo se puede extrapolar a los préstamos de bancos y cajas. En cualquier caso, hay una responsabilidad por parte del que quiere vivir por encima de sus posibilidades y a la vez, una irresponsabilidad de los bancos y cajas de ahorros (¿ahorro?) que dan un dinero que no tienen (es virtual, no existe materialmente) a personas que no pueden devolver el dinero que le han prestado y que tienen que devolver materialmente, motivo por el que se pierden casas, coches…

Todo esto nos lleva a un primer paso necesario, el consumo responsable. Podemos empezar por dejar de usar las tarjetas de crédito, ya que esto reduce el «movimiento del dinero virtual» y nos ayuda a vivir con nuestra realidad económica y los límites de consumo, lo que nos puede ayudar a reconocer lo que queremos de lo que realmente nos hace falta. Discernir entre REALidad y marketing, entre las necesidades reales y las creadas.

Comprar alimentos nacionales (en el código de barras empieza por 84) y optar por los regionales y locales, igualmente en empresas españoles y que dejen el dinero en España. Reducir la importación beneficia el mercado interior, ayudando a nuestra economía directamente. Esta idea no está tanto en ahorrar, porque puede que los productos locales sean más caros (un poco más) que de otros países (que puede o no cumplir con los controles de la CEE), pero favorecemos nuestra economía y a afianzar puestos de trabajo (más o menos dignos).

También son interesantes las opciones de banco de tiempo y del intercambio o trueque, como formas de enriquecer relaciones humanas y empezar a abrirnos a experiencias que estén más allá del dinero.

En Japón, consideran la crisis como una oportunidad para un cambio, pero por creencias limitantes o por comodidad, poder caer en un proceso lento hacia un modelo legal de esclavitud o tomar consciencia de que no queremos seguir viviendo esta desigualdad, ni seguir pagando los errores de los políticos y de los bancos. Así que vamos a ver, como sin violencia podemos cambiar primero a nosotros para ser responsables de las decisiones que tomemos, y después vamos a tomar tomar el ejemplo de Islandia (ver monográfico de octubre) y vamos a cambiar la Constitución, creemos un partido que realmente represente los intereses del pueblo y no los de los bancos y de las multinacionales, titiriteros de nuestros políticos, que aunque elegidos democráticamente, no cumplen con su principal función y objetivo que es apoyar al pueblo por encima de todas las cosas, si no por vocación, por lo menos por vergüenza y ética. Así que los bancos paguen su deuda y que se enjuicien a los responsables, tanto de la banca como de la política.

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Nosotros si que somos mayoría absoluta, con o sin representación política. Estamos viviendo una gran injusticia donde los que deberían estar defendiéndonos miran para otro lado, quizás el de seguir teniendo un poder que lejos de favorecernos, nos oprime cada día más.

Esta crisis que nos aprieta tanto, la podemos usar para despertar a la realidad que estamos viviendo, para darnos cuenta de que podemos aprovechar el cambio y de camino, poner en su sitio los pilares de toda democracia: Justicia para todos, Igualdad de verdad y control más real sobre nuestras elecciones políticas, empezando por instar un referéndum nacional para elegir a un partido político que represente al pueblo y que cambie la constitución, tal y como se ha hecho en Islandia. Pero después de las experiencias cotidianas, veo en la gente que aún no estamos maduros, hay mucho apego a la comodidad, mucho miedo a perder y mucha hipnosis de propaganda política.

¡Despierta!

Ayuda a tus contactos a tomar conciencia. :)