Sri Aurobindo (Calcuta 1872 – Pondicherry 1950), nombre de nacimiento Aurobindo Ghose, fue un maestro de yoga, poeta, revolucionario y filósofo indio que defendió la independencia de la India y descubridor de nuevos caminos de acercamiento a la divinidad y conocimientos sobre La Tierra y el MultiVerso.

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Tercer hijo del doctor Krishnadhan Ghose, médico bengalí admirador de la cultura británica, el joven Ghose recibió dos nombres personales: Aurobindo (pronunciación bengalí del sánscrito Aravinda, loto), y Ackroyd, en inglés. Como sus hermanos mayores, recibió una educación a la inglesa, fue confiado en 1879 a una familia de Manchester junto con sus hermanos mayores, donde inició sus estudios de latín. En 1885 entró en la St. Paul ́s School de Londres, donde estudió griego, historia, así como diversas lenguas europeas, empezando a desarrollar sus dotes poéticas. En 1889 pasó al King ́s College de Cambrigde, donde se adhirió a una asociación de estudiantes indios y abandonó su nombre inglés.

Deseando ahondar en su conocimiento de la cultura india, se sumergió en el estudio de la tradición sánscrita y bengalí, sin renunciar por ello a la cultura europea, con vistas, ya entonces, a alcanzar una síntesis superior que diese cabida a lo mejor de ambas culturas.

Militó en organizaciones secretas que luchaban por la independencia, sin excluir (como sí haría Gandhi) el recurso a la violencia. A partir de 1906, realizó giras políticas por Bengala, dirigió el Bengal National College y el periódico nacionalista Bande Mataram. Objeto de persecución por parte de la administración inglesa, abandonó en 1907 la dirección del College. Sri Aurobindo militó entonces en el grupo extremista del National Indian Congress, y fue arrestado a raíz de diversas acciones terroristas en las que su facción se vio implicada. Pasó en prisión un año entero (1908-1909), encarcelado entre presos comunes, período que dedicó al ejercicio del yoga, la meditación y el trabajo literario.

Aunque Sri Aurobindo profesó un ateísmo modernista, por entonces reencontró a la divinidad en el estudio de la filosofía india. Nuevamente amenazado con la cárcel, Sri Aurobindo pasó clandestinamente a Chandernagor, bajo dominio francés y, en febrero de 1910, fijó su residencia definitivamente en Pondichéry.

A partir de entonces se abstuvo de toda actividad política. En 1914 fundó la revista Arya junto con Paul Richard y un pequeño grupo de discípulos, en la que expresaba, en lenguaje intelectual, su visión del hombre y de la Historia, del destino divino del hombre y del camino a seguir para alcanzarlo, de la marcha de la sociedad humana hacia la unidad y la armonía, de la naturaleza y de la evolución de la poesía, del sentido profundo de los Vedas, de los Upanishad y de la Bhagavadgita y del espíritu y de la significación de la cultura india. Sus obras empezaron a ser traducidas al francés por Madame Richard, quien en 1920 se asoció a la obra de Sri Aurobindo: la creación de la Sri Aurobindo Asram, comunidad dirigida por el filósofo, que ella organizó y encabezó (desde 1926) como “Madre“, mientras el pensador vivía retirado, efectuando unas pocas apariciones públicas al año, en diversos aniversarios y solemnidades.

La Sri Aurobindo Asram, comunidad espiritual y temporal con sede en Pondichéry, desplegó una gran actividad educativa siguiendo la doctrina de Sri Aurobindo, en busca de una síntesis entre ciencia, régimen de vida sano y deportivo y espiritualidad. A su muerte fue inhumado en su Asram, en una tumba objeto de constante veneración hasta el presente. La comunidad contaba en 1968 con más de dos mil miembros y con ramificaciones en diversas ciudades de la India, Europa y América.

De su obra sobre el desarrollo evolutivo del ser humano (más de 30 volúmenes), la mayor aportación de Sri Aurobindo es el haber sido creador de un evolucionismo místico y experimental a la vez, y que desarrolló a partir del concepto de La Mente de las Células, y que su escriba SatPrem, entregó en forma de libro en 1980, una “condensación ultrarracional” de su obra; que con- tiene la esencia destilada y la clave interpretativa de la obra evolutiva de Sri Aurobindo y Madre.

¿CÓMO ALCANZAR LA PAZ MENTAL?

Compilación de respuestas de Sri Aurobindo a sus alumnos

— I —

La libertad progresiva y el imperio sobre la propia mente están perfectamente dentro de las posibilidades de todo aquel que tenga la fe y la voluntad de emprender esta conquista. Las posibilidades del ser mental no son limitadas; puede ser el libre Testigo y el Amo en su propia casa.

El primer paso es tener una mente sosegada. El silencio es un paso ulterior, pero es necesario obtener previamente el sosiego. Y por mente sosegada entiendo una consciencia mental interior que ve los pensamientos acercarse a ella y moverse en torno, pero no se siente a sí misma pensando, ni se identifica con los pensamientos, ni los considera suyos. Los pensamientos y los movimientos mentales pueden pasar a través de esta consciencia mental interior tal como los caminantes aparecen procedentes de cualquier parte y pasan a través de una campiña silenciosa; la mente sosegada los observa o ni siquiera se toma la molestia de observarlos, pero en ningún caso participa en la acción o pierde su tranquilidad.

El silencio es más que el sosiego. Puede obtenerse desterrando completamente los pensamientos de la mente interior, manteniéndolos mudos o completamente aparte. Pero se establece con mayor facilidad por un descenso procedente de lo alto; cuando sucede así, se percibe cómo desciende el silencio, cómo penetra y ocupa o rodea la consciencia personal, que tiende entonces a sumergirse en el vasto silencio impersonal.

Las palabras «paz, calma, sosiego, silencio», tienen cada una de ellas su propio matiz de significación, pero no es fácil definirlo exactamente.

Sosiego – Achanchalatá

Calma – Sthiratá

Paz – Shánti

Silencio – Nischala miraváta

El «sosiego» es un estado en el cual no hay inquietud ni perturbación.

La «calma» es un estado de sosiego inquebrantable que ningún bullicio ni inquietud pueden alterar; es un estado menos negativo que el sosiego.

La «paz» es un estado aún mas positivo que comporta un estable y armonioso sentido de liberación y de reposo.

El «silencio» es un estado en el cual no hay movimientos mentales o vitales de ningún género, o en el cual existe una profunda inmovilidad que ningún movimiento en la superficie puede penetrar o alterar.

— II —

No es posible construir los fundamentos del yoga si la mente está agitada. Lo primero que se requiere es sosiego mental. Además, la disolución de la consciencia personal no es el objetivo primordial del yoga; su propósito fundamental es abrir esta consciencia a una consciencia espiritual superior, y para eso también es de primera necesidad tener una mente sosegada.

Lo primero que hay que hacer en la sadhana (1) es establecer en la mente una paz y un silencio estables. De no hacerlo así, será posible tener experiencias, pero nada tendrá carácter permanente. Sólo en una mente silenciosa puede erigirse la verdadera consciencia.

Tener una mente sosegada no significa la ausencia total de pensamientos o de movimientos mentales, sino que éstos permanecen en la superficie y que en el interior se siente el ser verdadero separado, observándolos pero sin dejarse arrastrar, capaz de vigilarlos y de juzgarlos, de rechazar todo aquello que tiene que ser realizado, y de aceptar y de conservar todo aquello que es verdadera consciencia y experiencia verdadera.

La pasividad mental es una buena cosa, pero hay que tener cuidado de no ser pasivo mas que ante la Verdad y ante el toque de la divina Shakti. (2) Si uno es pasivo ante las incitaciones y las influencias de la naturaleza inferior, no será capaz de progresar o se expondrá a que las fuerzas adversas Puedan apartarle lejos del verdadero sendero del yoga.

Aspira a que la Madre te conceda este sosiego y esa calma bien establecidos en la mente y esta percepción constante del ser interior dentro de ti, separado de la naturaleza exterior y dirigido hacia la Luz y la Verdad.

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Las fuerzas que obstaculizan el camino de la sadhana son las fuerzas de la naturaleza inferior mental, vital y física. Detrás de ellas se encuentran los poderes adversos de los mundos mental, vital y físico sutil. Tan sólo a partir del momento en que la mente y el corazón hayan logrado adoptar una orientación unidireccional y se hayan concentrado en una aspiración exclusiva hacia el Divino se podrá luchar con éxito contra estos poderes adversos.

El silencio es siempre una buena cosa; pero al decir sosiego mental no me refiero a un silencio completo. Quiero decir una mente libre de desorden y de inquietud, firme, ligera y contenta, para que pueda abrirse a la Fuerza que tiene que cambiar la naturaleza. Lo importante es librarse de la invasión habitual de los pensamientos perturbadores, de los sentimientos falsos, de la confusión de ideas y de los movimientos nocivos. Todo eso altera la naturaleza y la oscurece y obstaculiza la acción de la Fuerza; cuando la mente está sosegada y en paz, la Fuerza puede trabajar más fácilmente. Es menester que se puedan ver las cosas que hay que cambiar sin experimentar ningún trastorno ni depresión; el cambio se efectúa así con mayor facilidad.

La diferencia entre una mente vacía y una mente en calma es ésta: cuando la mente está vacía no hay en ella pensamientos, ni concepción, ni acción mental de ninguna clase, salvo una percepción esencial de las cosas sin formación de ideas; pero cuando la mente ha conseguido la calma, la sustancia misma del ser mental es la que permanece tranquila, tanto que nada la perturba. Y si se producen pensamientos o actividades, en ningún caso surgen de la mente, sino que vienen desde fuera y cruzan la mente como un vuelo de pájaros cruza el firmamento cuando el aire está inmóvil. Pasan sin alterar nada, sin dejar ninguna traza. Aunque mil imágenes o los más violentos acontecimientos la atraviesen, su calma inmóvil textura de la mente fuera una sustancia de eterna e indestructible. Una mente que haya alcanzado esta calma puede empezar a actuar, incluso intensa y poderosamente, pero conservará su sosiego fundamental, sin producir nada de sí misma, pero dando forma mental a lo que recibe de lo Alto sin añadirle nada suyo, con calma e imparcialidad, y, sin embargo con el gozo de la Verdad y el poder y la luz felices de su transmisión.

No es una cosa indeseable para la mente sumirse en el silencio, estar inmóvil y libre de pensamientos, puesto que al silenciarse la mente es cuando más a menudo se produce el descenso completo de una vasta paz procedente de lo Alto y, en esta vasta tranquilidad, la realización del Yo silencioso que está encima de la men- te extendido por todas partes en su inmensidad. Lo que ocurre solamente, es que, cuando hay paz y silencio mental, la mente vital trata de precipitarse para ocupar el sitio, o bien la mente mecánica intenta, con el mismo propósito, hacer surgir su ronda de pensamientos habituales y triviales. Lo que debe hacer el sadhaka (3) es tener cuidado de rechazar y acallar esos intrusos de modo que, al menos durante la meditación, la paz y el sosiego de la mente y del ser vital sean completos. La mejor manera de hacerlo es manteniendo una voluntad fuerte y silenciosa. Esta voluntad es la voluntad del Purusha (4) detrás de la mente; cuando la mente está en paz, cuando permanece en silencio, puede percibirse la presencia del Purusha, también silencioso, separado de la acción de la naturaleza.

Tener calma, ser firme y arraigado en el espíritu, dhira shtira, poseer este sosiego de la mente, esta separación entre el Purusha interior y la Prakriti (5) exterior, es muy útil, casi indispensable. Pero no es posible tener calma y estar asentado en el espíritu en tanto que el ser está sujeto al torbellino de los pensamientos o la barahúnda de los movimientos vitales. Desapegarse, apartarse de ellos, sentirlos separados de sí, es indispensable.

Una gran ola (o un mar) de calma y la conciencia constante de una vasta y luminosa Realidad, tal es precisamente el carácter de la realización fundamental de la Verdad suprema en su primer contacto con la mente y el alma. No se puede pedir un mejor comienzo ni un mejor fundamento; es como una gran roca sobre la que puede construirse el resto. Ello significa ciertamente, no sólo una presencia, sino “la Presencia”, y constituirá un gran error debilitar la experiencia por una falta de aceptación o por alguna duda sobre su carácter. No es necesario definirla, ni es conveniente tratar de configurarla en una imagen; porque esta Presencia es infinita en su naturaleza. Todo aquello que tenga que manifestar o exteriorizar de sí misma, lo hará inevitablemente por su propio poder, si hay una aceptación sostenida.

Es verdad, sin lugar a dudas, que es una gracia enviada, y la única manera de responder a una gracia tal es aceptarla con gratitud y, manteniéndose abierto, permitir al Poder que ha tocado la consciencia desarrollar en el ser lo que tenga que ser desarrollado. La transformación total de la naturaleza no pude hacerse en un momento; requiere necesariamente mucho tiempo y procede por etapas; la experiencia actual es solamente un inicio, un fundamento para la nueva conciencia en la cual será posible la transformación. La espontaneidad automática de la experiencia debe demostrar por sí misma que no tiene nada que ver con una construcción de la mente, de la voluntad o de las emociones; que procede de una Verdad que está más allá de esas cosas.

Rechazar las dudas implica, con toda certeza, haber alcanzado el control de nuestros propios pensamientos. Pero el hecho de controlar nuestros pensamientos es tan necesario, en el yoga y fuera del yaga, como el dominio de nuestras pasiones y de nuestros deseos vitales o el control de los movimientos de nuestro cuerpo. No es posible siquiera alcanzar el nivel de un ser mental plenamente desarrollado si uno no domina sus pensamientos, si no es su testigo, su juez y su amo, el Purusha mental, manomaya parusha, shakshi anumanta, ishvara.

No es menos inconveniente para el ser mental ser como una pelota de tenis sometida al impacto de los pensamientos desordenados e incontrolables, que ser como un barco a la deriva en medio de la tempestad de las pasiones y los deseos, o un esclavo de la inercia o de los impulsos del cuerpo. Ya sé que controlar los pensamientos es más difícil, porque el hombre, al ser primordialmente una criatura de la Pratriti mental, se identifica a sí mismo con los movimientos de su mente y no puede, de repente, disociarse y permanecer al margen y libre de los remolinos y turbulencias del torrente mental. Es relativamente fácil para él ejercer un control sobre su cuerpo, al menos sobre una cierta parte de sus movimientos. Le es menos fácil, pero aún perfectamente posible por medio de una lucha efectiva, establecer un dominio mental sobre sus impulsos y deseos vitales; pero sentarse encima del torbellino de sus pensamientos, como el Yogui Tántrico sobre el río, es menos fácil. No obstante, también es factible. Todos los hombres mentalmente desarrollados, aquellos que sobrepasan el término medio, de algún modo, o al menos en un de- terminado tiempo y para cierto propósito, han tenido que separar las dos partes de la mente, la parte activa que es una fábrica de pensamientos y la parte sosegada y soberana que es a la vez un Testigo y una Voluntad, observando los pensamientos juzgándolos, rechazándolos, eliminándolos o aceptándolos, ordenando correcciones y cambios; se han erigido en amos del ámbito mental han sido capaces de ejercer un imperio efectivo sobre sí, sámrájya.

El Yogui va aún más lejos. No sólo es el amo de es ámbito sino que, permaneciendo aún de alguna manera en la mente, logra escapar de la misma por así decirlo, y se sitúa por encima o completamente detrás y. Para él la imagen de la fábrica de pensamientos ya no es completamente válida; puesto que ve cómo los pensamientos nos vienen de fuera de la Mente universal o de la Naturaleza universal, a veces formados y distintos, a veces informes o embrionarios, en cuyo caso reciben forma en alguna parte dentro de nosotros. La tarea principal de nuestra mente consiste en responder, favorablemente con aceptación, o negativamente con repulsa, a esas olas de pensamientos (así como a las oleadas vitales o a las olas de energía físico sutil), o bien en dar forma mental personal a la sustancia de los pensamientos (o de los movimientos vitales) procedentes de la Naturaleza-Fuerza circundante.

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continuará

Texto recomendado:

Sri Auribindo o
La Aventura de la Consciencia

Autor: Satprem

Instituto de Investigaciones Evolutivas 943.63.18.35

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