Las personas somos auténticas máquinas de creencias. Las interiorizamos y las asumimos como programas mentales que nos repetimos una y otra vez a modo de letanía, hasta procesarlas como una propiedad, como un objeto que debe ser defendido a capa y espada. De hecho, nuestro ego es todo un mosaico de variadas y férreas creencias, esas por las que más de uno no duda perder a los amigos con tal de llevar siempre la razón.

Hay quien vive inmerso en un diálogo interior que a modo de mantra, le repite una y otra vez que sus creencias son las mejores, que sus enfoques son inamovibles y que su verdad es un lucero de sabiduría inviolable. Pensar de este modo les arroja a tener que ir por la vida buscando personas y situaciones que validen sus creencias, y las “verdades” de esos mundos atómicos y restringidos donde nada debe ser cuestionado. Las consecuencias de vivir con este tipo de enfoque mental suelen ser serias y casi irremediables.

El mundo no es en blanco y negro. La vida y las personas encuentran su máxima belleza y expresión en la diversidad, en los enfoques variados, en los distintas perspectivas de pensamiento ante los cuales, ser siempre receptivos para aprender, crecer y avanzar.

Apegarnos al pensamiento único y en la imposición de una verdad universal es ir en contra de la esencia de la humanidad, e incluso del propio ejercicio de la libertad individual. No es lícito, no es lógico y tampoco es sano.

“Recortas y moldeas tu cabello y siempre te olvidas de recortar tu ego” -Albert Einstein-

Los libros sobre las enseñanzas del brujo Don Juan de Carlos Castaneda eran lectura obligada entre los jóvenes de los años 70. Hoy y siempre vuelven y volverán con fuerza porque son pura sabiduría. Don Juan dijo entonces que en los inventarios estratégicos de los guerreros, la importancia personal figura como la actividad que consume la mayor cantidad de energía, y que por eso se esforzaban por erradicarla.

Una de las primeras preocupaciones del guerrero es liberar esa energía para enfrentarse con ella a lo desconocido. La acción de recanalizar esa energía es la impecabilidad.

“Mientras te sientas lo más importante del mundo, no puedes apreciar en verdad el mundo que te rodea. Eres como un caballo con anteojeras: nada más te ves tú mismo, ajeno a todo lo demás.”


“El mayor enemigo del hombre es la importancia personal. Lo que lo debilita es sentirse ofendido por lo que hacen o dejan de hacer sus semejantes. La importancia personal requiere que uno pase la mayor parte de su vida ofendido por algo o alguien.”


“La importancia personal es homicida, trunca el libre flujo de la energía y eso es fatal. Ella es responsable de nuestro fin como individuos y llegará el día en que nos termine como especie.

Cuando un guerrero aprende a echarla a un lado, su espíritu se despliega, jubiloso, como un animal salvaje que es liberado de su jaula y puesto en libertad.”

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La impecabilidad es hacer lo mejor que puedas en lo que estás participando.

Cuando te sientes y actúas como un ser inmortal que tiene todo el tiempo del mundo, no eres impecable; en esos momentos debes volverte, mirar alrededor tuyo, y entonces te darás cuenta de que tu sentimiento de tener tiempo es una idiotez.

¡No hay futuro! El futuro no es más que una manera de hablar. Para un brujo sólo existe el aquí y el ahora.

A continuación compartimos once enseñanzas del brujo Don Juan Matus, que condensan su perspectiva de la vida y de su conocimiento.

1. La impecabilidad comienza con un acto único que tiene que ser deliberado, preciso y sostenido. Si ese acto se repite por un tiempo lo suficientemente largo, uno empieza a sentir un intento inquebrantable que puede ser aplicado a cualquier otra cosa.

2. El inconveniente de las palabras es que siempre nos hacen sentir iluminados, pero cuando nos damos la vuelta para enfrentarnos al mundo, siempre nos fallan y acabamos mirando el mundo como siempre , sin iluminación. Por esta razón, un guerrero procura actuar en lugar de hablar…

3.La importancia personal es el peor enemigo del hombre. Lo que le debilita es sentirse ofendido por los hechos y las fechorías de sus semejantes. La importancia personal obliga que uno pase la mayor parte de su vida ofendido por algo o alguien.

4.Un hombre va hacia el conocimiento como va a la guerra: bien despierto, con respeto, con miedo y con una seguridad absoluta. Ir para el conocimiento o para la guerra de cualquier otra manera es un error, y quien lo cometa se arrepentirá.

5.Sentirse importante le hace a uno pesado, torpe y vanidoso. Para ser un guerrero uno necesita ser ligero y fluido.

6.No hay integridad sin tristeza y añoranza, porque sin ellas no hay sobriedad, ni amabilidad. La sabiduría sin amabilidad y el conocimiento sin sobriedad son inútiles.

7. El miedo es el primer enemigo que el hombre tiene que vencer en su camino al conocimiento. Es un enemigo terrible, traicionero y difícil de vencer. Permanece oculto en todas las curvas del camino, rondando… al acecho. Y si un hombre huye aterrorizado con su presencia, su enemigo le habrá puesto fin a su búsqueda.

8.Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas, eres uno con él. El otro te hará maldecir la vida. Uno te hace fuerte, el otro te debilita.

9. Un guerrero asume la responsabilidad de sus actos, hasta de los actos más triviales. Un hombre promedio nunca asume la responsabilidad de lo que hace.

10. El mundo es incomprensible. No vamos a entenderlo nunca, no vamos a desentrañar sus secretos nunca. Por lo tanto, debemos tratar al mundo tal como es: un gran misterio.

11. O nos hacemos miserables, o nos hacemos fuertes. La cantidad de esfuerzo es la misma.

“La forma más común de renunciar al poder es pensando que no lo tenemos”

-Alice Walker-

Para concluir, algo que todos sabemos es que nuestro a día a día es como un fluir donde se entrecruzan varias y complejas corrientes. Todos vamos en nuestros propios barcos, bien río arriba o bien río a bajo. En lugar de obcecarnos en mantener siempre una misma dirección, aprendamos a alzar la vista para no chocar los unos con los otros.

Permitamos el paso, creemos un mar de mentes capaces de conectarse las unas con las otras para fluir en libertad y en armonía. Al fin y al cabo todos buscamos un mismo destino, que no es otro que la felicidad. Así que construyámoslo poniendo como base el respeto, la empatía y un sentido auténtico de convivencia.

“El regalo más hermoso que podemos darle a otra persona es nuestra atención”

–Thich Nhat Hanh-

Jesús Molina

(Psicoterapeuta)

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