Un cambio puede llevarnos a evolucionar o a involucionar, dependiendo este de si se realiza desde el automatismo o desde la toma de conciencia. Con respecto a esto, Gurdjieff decía:

“Hay dos clases de hacer: el hacer automático y el hacer de acuerdo a la meta”.

La forma en la que hemos sido educados, conlleva, por un lado el implante de programas que nos condicionan y por otro, estas creencias hacen que funcionemos en «automático», esto es, sin consciencia o inconscientemente, manteniéndonos en un bucle de repetición de conductas que nos mantienen «anclados» en actitudes que nos hacen elegir erróneamente y sin voluntad alguna, manteniéndonos fijos en hábitos y costumbres que impiden cambiarlos y por ende imposibilitan nuestra evolución.

Esto nos lleva a la necesidad de darnos cuenta de lo que es propio y lo que es ajena o adquirido, esto es, de cuando una necesidad surge de nosotros realmente, de una necesidad implantada e innecesaria. Sin este «darnos cuenta» no sabemos realmente que es lo que tenemos que cambiar en nosotros, incluso sin esta toma de consciencia, no nos damos cuenta de que actitudes, comportamientos y elecciones nos hacen daño o nos distancian y separan de lo que realmente somos. Y toda separación de nosotros (distanciamiento esencial) es debido a la naturaleza de nuestra mente, que es dual, que divide y separa.

Queremos que algo cambie en nuestra vida, en muchas ocasiones no sabemos qué, y esperamos este cambio sin haber realizado previamente un cambio en nosotros, en nuestras formas y actitudes, en las elecciones que realizamos. Einstein decía:

«No pretendamos que las cosas cam- bien si seguimos haciendo lo mismo».

Precisamente, este es el problema del automatismo, que siempre seguimos haciendo lo mismo, sin darnos cuenta de que los resultados siempre son iguales. En realidad no hay cambio alguno, aunque creemos que sí. Así que si buscas resultados distintos, deja de hacer siempre lo mismo (A. Einstein).

Entonces, nos encontramos ante la necesidad de cambiar y surge la primera cuestión ¿Qué cambiar? Este descubrir que necesito cambiar nos lleva a entrenarnos en la auto-observación, para i discerniendo que es propio y que es ajeno, que nos separa (desgasta) y que nos unifica, pues la integración en todos los aspectos: físico, mental, emocional, es funda- mental y para ello es necesario discernir. Y hace tiempo que se ha dejado de enseñar al ser humano a discernir, pues esta cualidad que todos poseemos es un requisito que necesitamos para hacer elecciones responsables, sea de cara a nuestra salud o con respecto a nuestras relaciones.

La auto-observación es un elemento clave para reconocer a nuestro personaje (o personalidad), sus necesidades, hábitos, conductas, reacciones, elecciones, enganches… Y a través de la auto-observación vamos llegando al auto-conocimiento. Sócrates: Conócete ti mismo. Una vida que no se examina no vale la pena vivirla. Este proceso de auto-examen, de discernir sobre nuestras necesidades y elecciones, requiere una revisión constante, un estado de darse cuenta mantenido, lo que por un lado nos va ayudando a desarrollar la toma de cons- ciencia y de forma pareja voluntad, tanto por mantener este continuum de atención, como tras discernir el ser capaz de elegir lo que necesitamos y desechar lo que no.

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Si somos capaces de descubrir que es lo que necesitamos cambiar para romper el «bucle de repetición», aparecerá la segunda cuestión ¿Tengo suficiente voluntad para realizar este cambio?. La voluntad es un ele- mento clave en el proceso de cambio, pues sin ella no es posible realizar cambios reales.

Así pues, vamos a ejercitar la voluntad mediante pequeños esfuerzos conscientes, tales como el ir reduciendo hábitos y actitudes que hacen daño tanto a nosotros como al entorno, y que no nos llevan a ningún lado al mantenernos fijados ante la imposibilidad de cambiar y dependientes. Toda dependencia es un apego y un apego, una necesidad más o menos incontrolada está incapacitándonos al cambio, pues nos mantiene en la fijación y desde la fijación siempre hay un bucle cerrado de repetición, pues parte de una idea fija que tenemos y que parte de un implante o creencia, que podemos encontrar en actitudes que consideramos como las más idóneas para sobrevivir sin cambiar o contemplar la opción de cambio (inmovilismo).

El Eneagrama (ver primeras revistas) nos habla de 9 tipos de fijaciones y aunque las consideramos «aliadas», ya que mantienen nuestra área de confort y el impedir nuestro desarrollo, hacen que terminen siendo causa de frustración, resentimiento, adulación, mentira, estado melancólico, mezquindad, inseguridad, control (planificación), venganza, indolencia (sobreadaptación). Reconocerlas en nosotros es autoconocimiento, después hay que trabajarlas.

Las fijaciones tuvieron su momento y nos ayudaron a sobrevivir, la cuestión está en que caducan y seguimos aferrados a ellas, lo que incapacita nuestra posibilidad de crecimiento y maduración, que requiere una constante renovación. Entonces podemos comprender como la falta de auto-conocimiento nos conduce a la ignorancia, uno de los tres venenos del Alma. Al ir saliendo de la ignorancia a través del darnos cuenta podemos trabajar sobre el cambio del personaje al Ser, y esto requiere discernir y es difícil hacerlo con tanta tecnología (móviles, tablet, internet) que nos hipnotiza, haciéndonos perder concentración en nosotros y nos aborrega aún más. Discernir es el elemento clave para resolver la cuestión ¿Ser o no ser? y res- ponder a esta pregunta requiere un trabajo personal, un cambio progresivo de lo que creo que soy a lo que SOY (YO SOY).

Entonces empezamos a estar en el mundo sin ser del mundo y podemos compreder que quiero poco y lo poco que quiero lo quiero poco.

Qué nivelón de desapego.

También se requiere aprender a sostener el proceso de cambio, de desandar el camino, de retorna al Ser, que precisamente ni es rápido, ni indoloro, ni insípido, hay que trabajar, hay que sembar y mantener el crecimiento y este desarrollo es interior, no es pretender ser algo o alguien. A esto me refiero con despojarnos del personaje y permitirnos Ser. Ser o res, esa es la cuestión, dejar de ser esclavos y recuperar nuestra libertad (ver las Tres Libertades).

Decaparse: quitarse capas de máscaras o camuflajes, miedos, formas de bloqueo y autosabotaje, energías reprimidas, en definitva eliminar todo lo que sobra (transformar el plomo en oro), permite que lo que somos se manifieste, se libere. Entonces la expresión: «me siento libre, adquiere su verdadero significado. Entonces llega la Luz a la oscuridad y lo inconsciente se revela.

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Tras desandar el camino, empezamos desde el punto cero, y fluimos con el Vacío Fértil. Entonces, al igual que el desarrollo de una planta, empezamos a crecer, nos enraizamos desde nuestro Ser, la semilla o esencia, y empezamos a crecer, tallo, hojas y finalmente fruto, así vamos dejando de ser cosecha.

El recorrido del camino conlleva una serie de pasos, y cada uno ofrece un desafío constante, un ser en cada momento, y son crisis tras crisis, resistencias, desapegos, transformaciones que nos llevan a Ser y a vivir y fluir con la vida real. Este sueño descrito por los toltecas o maya por la tradición budista o como decía Quevedo: «Esta vida es sueño y los sueños, sueños son», y si viviera en estos tiempos podría decir: «esta vida es matrix y en matrix solo hay matrix, no hay existe lo Real…». Con el abuso de la tecnología incrementamos el grado de sueño (inconsciencia) y de hipnosis, creando dentro de matrix (ilusiones) otras matrix (ver realidad virtual). Solo se puede salir de matrix desconectándote de ella, despertándote del sueño, de la inconsciencia.

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¡Despierta!

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