Decía el pensador francés Montesquieu: «No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia.» Y seguimos creyendo que vivimos en democracia. Kafka decía: «Un idiota es un idiota. Dos idiotas, son dos idiotas. Diez mil idiotas son un partido político.» Cada vez siento más claramente que el problema no son los políticos, ni los partidos, el problema fundamental es que los hombres y mujeres que forman los partidos, que terminan haciéndose políticos, van perdiendo la condición humana (el poder corrompe), y olvidan que están para SERVIR y PROTEGER a los ciudadanos, y no para servir a los intereses de empresas, multinacionales o a la banca internacional.

Para mi, lo más incomprensible es que tras las evidentes muestras de corrupción de partidos como PP y PSOE, aún haya personas que los votan, hasta el punto de ser el PP elegido para gobernarnos, el nivel de hipnosis es preocupante. Y solo sabemos lo que hasta ahora se ha ido descubriendo que no es poco, es muy posible que haya mucho más, y mientras tanto se sigue robando, manipulando la información y haciendo más incapie en la propaganda política, para quitarle importancia a los millones de euros que se están llevando aquellos que deberían velar por nuestros intereses, en vez de robar bajo el amparo de la ley. Habitualmente, detrás de un político corrupto hay una empresa que saca más beneficios. Kissinger decía: «No es cierto que todos los políticos sean corruptos, sólo lo son el 90% de ellos.»

Nos gobiernan personas corruptas, que han sido elegidos por una parte de nuestra sociedad y que de alguna forma se convierte en complice, sin darse cuenta que permiten que continue la corrupción y que el panorama político siga siendo el mismo, pues hasta ahora no se ven cambios ni en la política ni en los políticos… A los políticos, igual que a los tecnócratas, no les interesan los cambios, solo pequeños intentos para aparentar que se está haciendo algo… «Si los buitres están en el poder, es porque la democracia huele a cadaver».

También hay buenos políticos (un 10%), la honestidad les protege de la corrupción, aunque no de la blasfemia, de como son habitualmente desacreditados y finalmente, la imposibilidad de hacer bien su trabajo termina frustrándolos y se retiran abandonando la política, por ejemplo el caso de Julio Anguita. Un buen político no se vende, no es corrupto, no antepone sus intereses o a la presión a la que es sometido, prevalece el proteger y favorecer a los ciudadanos. A algunos esto les ha costado la vida, como el caso de John Kennedy. 

El político es nuestra forma de ser representados en el gobierno del país, así que necesitamos ser capaces de votar sin miedo, pues en los últimos años, quien ha ganado las elecciones no ha sido ningún partido político, ha sido el miedo, las multinacionales y la banca internacional.

Así pues, la «pelota» está en nuestro tejado, es importante elegir sin miedo y sin creernos del todo las promesas (siempre incumplidas) de nuestros políticos, poco donde elegir y malo, aunque  siempre mejor que un robottecnócrata.

¡Despierta!

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