Menos para vivir mejor:

Decrecimiento y buena vida.

Poner la vida en el centro. Nuestro modelo económico occidental es insostenible y suicida: la producción y el crecimiento económico no pueden crecer infinitamente en un planeta con recursos naturales limitados. Por mucho que se propague la idea de que el crecimiento económico es la solución, no deja de ser parte del problema. Los recursos son finitos, vivimos en un único planeta, y por mucho que no hayamos contemplado el biorritmo de la Tierra no quedará más remedio, tarde o temprano, que considerar los límites biofísicos y picos y techos de los recursos que ya se acaban.

Si será inevitable reducir el consumo y la producción, será mejor hacerlo de una manera planificada y participativa para evitar que esos recursos escasos se conviertan en propiedad de una élite. 

A partir de las críticas de nuestro modelo de vida occidental, ha ido surgiendo una corriente optimista que se hace entender dentro de la Alegría de Vivir. Se trata del decrecimiento. Es una corriente económica, política, social y ecológica que plantea un cambio radical al modelo de desarrollo actual, diseñado en base al crecimiento económico ilimitado y el consumo desmesurado. Desde esta corriente de pensamiento se propugna la idea de “Menos para Vivir Mejor”, “Vivir mejor con Menos” o “Necesitar Menos para Vivir Mejor”; la idea de Buen Vivir separada del consumo excesivo e irresponsable de recursos materiales y energéticos. Su propuesta principal es la de desaprender, cambiar la mirada sobre la realidad y desprenderse de nuestro modo de vida insostenible. El decrecimiento no es un objetivo en sí mismo, sino un medio hasta alcanzar parámetros de sostenibilidad. 

Los puntos definitorios de la teoría del Decrecimiento son:

1) Repensar los valores y premisas que definen nuestro modo de vida y nuestra sociedad;

2) Recontextualizar la realidad revisando los conceptos con los que designamos lo que nos rodea;

3) Reestructurar las estructuras económicas y productivas para hacer posible una vida justa;

4) Redistribuir y garantizar el acceso de todas las personas a los recursos necesarios para vivir;

5) Relocalizar lo más posible la producción y el consumo a escala local;

6) Reducir la huella ecológica en base a la capacidad de carga y regeneración de la biosfera;

7) Reutilizar y conservar los bienes combatiendo la obsolescencia programada;

8) Reciclar y gestionar los residuos y 

Decrecimiento es disminución y también es aumentoel decrecimiento no es crecimiento negativo, ya que si bien hay que disminuir en ciertas cosas, hay que aumentar en otras. En este sentido, habría que disminuir hasta erradicar el Consumismo y productivismo, reducir la velocidad de la vida, las horas dedicadas al trabajo productivo, las distancias que recorremos y hacemos recorrer a los productos, los sectores perjudiciales para la sostenibilidad de la vida… Por el contrario, habría que potenciar los cuidados a personas, los servicios públicos y sociales ligados a los Derechos Humanos, las economías sociales y solidarias y los diversos sectores de empleos verdes. En el modelo socioeconómico actual vivimos para trabajar, trabajamos para consumir y consumimos para trabajar, reduciendo el concepto de valor a lo monetario, ¿y para qué?, ¿para ser felices?, ¿lo somos?, ¿disfrutamos de la vida? El Decrecimiento pone la economía al servicio de la vida, no la vida al servicio de la economía. 

Para poder cambiar la mirada y llegar a una sociedad sostenible e igualitaria, tenemos que redefinir y revalorar los aspectos que forman la base de nuestra sociedad y damos por hechos. En la actualidad, el mercado constituye el epicentro de nuestra sociedad y todos los conceptos claves son definidos respecto a él: cuando hablamos de trabajo, nos referimos casi exclusivamente al trabajo remunerado, el empleo; cuando hablamos de riqueza, nos referimos a la riqueza en términos monetarios, y cuando hablamos de bienestar, nos referimos a los niveles de consumo, etc. Para poder llegar a una sociedad sostenible e igualitaria, hace falta cuestionar ese papel prioritario que otorgamos al mercado y poner la sostenibilidad de la vida en el centro de nuestro análisis de la realidad. Así podremos redefinir y revalorar los conceptos básicos de nuestro sistema socioeconómico occidental.

Poner en el centro el mantenimiento de la vida es más sostenible puesto que el consumo deja de ser el motor de la sociedad. Es preferible reducir el mercado, la producción y el consumo, para vivir mejor con menos y valorar las pequeñas cosas de la vida que nos dan alegría.

El decrecimiento propone construir otras formas de vida basándose en las relaciones sociales, la cercanía, la austeridad,
la vida en común y la ralentización del tiempo. 

Elementos que, lejos de ser limitantes, son los que enriquecen la vida y la llenan de alegría. La felicidad subjetiva no está asociada al consumo y al dinero sino más bien a la vida comunitaria donde prima la relación. Se trata de construir formas de vida que tienen como sustrato el cuidado colectivo, reconociendo que las personas somos seres vulnerables e interdependientes. 

El decrecimiento reclama el derecho y las posibilidades de reorganizar nuestra sociedad de forma colectiva y de crear colectivamente nuestra propia vida de forma sostenible. Aparte de las propuestas teóricas, existen propuestas concretas, que podemos llevar a cabo en nuestro día a día. Los grupos autogestionados de consumo de productos ecológicos, los bancos de tiempo, las tiendas sin costes, el disfrute de la naturaleza de una forma respetuosa, la construcción de comunidades de convivencia, de comunidades de aprendizaje o los grupos de crianza, son sólo algunos ejemplos de llevar a la práctica el decrecimiento.

“El caracol construye la delicada arquitectura de su concha añadiendo una tras otra las espiras cada vez más amplias; después cesa bruscamente y comienza a enroscarse esta vez en decrecimiento, ya que una sola espira más daría a la concha una dimensión dieciséis veces más grande, lo que en lugar de contribuir al bienestar del animal, lo sobrecargaría. Y desde entonces, cualquier aumento de su productividad serviría sólo para paliar las dificultades creadas por esta ampliación de la concha, fuera de los límites fijados por su finalidad. Pasado el punto límite de la ampliación de las espiras, los problemas del sobrecrecimiento se multiplican en progresión geométrica, mientras que la capacidad biológica del caracol sólo puede, en el mejor de los casos, seguir una progresión aritmética”. Ivan Illich

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