Lo que se llama meditación es un término anglosajón que ha terminado desplazado a la palabra CONTEMPLACION, y que retomamos sin perder perspectiva del sentido en si de lo que es contemplar, observar, acechar, estar pendientes, atentos, presentes… Esta forma de contemplación, de no_hacer, es fundamental para poder acceder al manejo de la máquina biológica de transformación que es este cuerpo que habitamos.

El cerebro es la parte densa de la mente (los programas -software-), la mente es la parte sutil del cerebro (el ordenador-hardware-) y ambos están conectados por el sistema nervioso central, a nivel de «cableado y circuitos» constituido por los nervios y a nivel de subprogramas (patrones de conducta) por las neuronas. Todo el organismo es una desarrollo, una extensión del cerebro… Pero tanto el cerebro como la mente, son una expansión de la CONCIENCIA que somos y que habita este cuerpo. Aprendizaje: desidentificarnos de la mente.

Este complejo sistema informático-holográfico nos permite percibir esta dimensión que nos atrapa y «engancha», desplazando nuestra atención hacia ella, fijando en este enfoque nuestra atención. Esto hace que el ordenador se desconecte de la FUENTE o del TAO y salgamos temporalmente del Orden UniVersal (Uno y Diverso) viviendo desconectados. Objetivo: volvernos a conectar. 

Esta desconexión impide que recibamos el flujo de las energías del Cielo y de la Tierra, lo que hace que nos convirtamos en «depredadores» que consumen el planeta agotando sus recursos, contaminándolo, destruyendo aquello que nos da la vida y que nos permite vivir o existir. Por cierto, existir existimos, pero al no estar conectados con el Padre-Cielo ni enraizados con la Madre-Tierra dejamos de estar y por ende de ser. Objetivo: aprender a estar para llegar a recuperar la consciencia de Ser. 

Esta recuperación conlleva una reprogramación, puesto que los programas (creencias, educación social-religiosa) que tenemos han sido implantados inconscientemente y solo desde la contemplación (auto_observación) como forma de auto_conocimiento podemos descubrir lo que no somos y por ende, lo que tenemos que transmutar, para permitir que lo que ya somos se exprese.

La reprogramación es una forma de «actualizarnos» hacia lo que somos, eliminando creencias y educación delimitadora, formas de condicionamiento que bloquean a través de la inconsciencia que hay tras nuestro comportamiento programado (automatismo). Dejar de ser robots y zombies, dejar de ser borregos (RES) para SER. Nuestro comportamiento, sea más mental, emocional o visceral, depende de eso que no somos y que es controlado desde la mente, desde nuestro «personaje» (personalidad, eneatipo, etc…), y de este comportamiento (por sus hechos los conoceréis) depende el correcto funcionamiento de nuestro chakras (las 7 Iglesias del Antiguo Testamento).

Estos son un resumen de los Trabajos de Alquimia Interior y todo esto lo relacionamos con la Contemplación como estructura de sostén, como los cimientos para aprender a parar, templar y mandar, porque no solo aporta relajación, bienestar o «paz interior», también es un instrumento muy válido para la autoobservación y el autoconocimiento.

En las antiguas Escuelas de Misterio, en la puerta de entrada se podía leer: CONOCETE a TI MISMO.

¿Por qué relaja, por qué nos aporta tanta tranquilidad, sosiego y bienestar? 

La Contemplación es una práctica, no es una teoría ni algo a lo que hay que tenerle fe o que su práctica sea una «paliza», un esfuerzo…

La CONCIENCIA se manifiesta primero a través de mente biológica (el ADN de las células, los programas de desarrollo, mantenimiento, adaptación al medio, instinto de supervivencia, etc…), dando forma a los centros de energía o chakras y desde estos la red bioelectromagnética (canales, nadis, meridianos…), que van corformando tejidos y órganos a partir de una información especializada (hepatocito, forma hexagonal, tres capilares -arterial, venoso, linfático-, con multi-especialidades metabólicas, inmunológicas, bioenergéticas, psicoemocionales…) y que integra lo físico orgánico-biológico-bioquímico, lo psicoemocional y lo bioenergético.

El funcionamiento de la mente está influenciado por las diferentes estructuras que conforman nuestro cerebro, a través de una compleja red de canales nerviosos y bioenergéticos, por donde circulan información, energía y luz. 

Una de estas estructuras es el cerebro reptil, el más primitivo de los 3 cerebros y en el que rige el instinto de supervivencia, y si no tenemos en cuenta las capacidades de los otros dos cerebros, el miedo nos puede y perdemos la perspectiva de que no hay motivos reales para que aquello que habita el cuerpo, que está hecho a imagen y semejanza (no el cuerpo físico, sino lo que lo habita) viva desde el miedo una experiencia de aprendizaje y desarrollo interior. Este miedo primario es un problema de identificación, y este miedo a no seguir viviendo, a no tener genera el apego, la necesidad de tener, de poseer y de esta fuerza mal encausada se generan las dependencias y el mantenimiento de estas produce las rutinas…

Precisamente, todo esto es lo que nutre a la mente-ego, manteniéndola y haciéndola fuerte, y es en esto donde hacen especial hincapié los trabajos de transformación interna, en quitar lo que sobra y poner las cosas cada una en su lugar, empezando por la mente y la gestión de las impresiones, quizás la forma de nutrición más importante, más aún que la comer o respirar a nivel de desarrollo interior. 

Los tres centros motores con los que funciona nuestra máquina biológica de transformación son: mental, emocional y visceral, necesitan estar integrados para que podamos vivir con coherencia, y la existencia o ausencia de ésta solo se puede determinar mediante la auto_observación, y la posterior corrección del desvío hacia el centro interior.

Nos hemos habituado durante tanto tiempo a fijar nuestra atención en la periferia, en el exterior, en la auto_proyección que nos terminamos identificando con ese reflejo, desconectándonos de nuestro centro. También esta «fijación» afecta a la percepción de la realidad, haciéndonos perder la visión mágica de ésta maravillosa existencia del Espíritu encarnado en la materia. 

¿Por qué relaja la contemplación? 

Vivimos en un estado cada vez más estresante, y ese estado de estrés genera una demanda de adrenalina para poder mantener el ritmo de vida actual. La adrenalina es demandada por el sistema nervioso autónomo simpático (tensión), al estar sobrecargado el sistema nervioso central (sobre estimulación). El organismo, entre otras reacciones a la adrenalina (tensión en el plexo solar, arritmias, palpitaciones), hace que respiremos de forma rápida, irregular y superficial, ante la demanda de más oxígeno para mantener el «ritmo» ordinario.

Esto produce una subida de la energía caliente (yang) que hace que la boca se seque. Cuando el cerebro hace su escaneo para verificar como se encuentra el organismo a través del sistema nervioso central, detecta estas variaciones, teniendo en cuenta principalmente la respiración y el estado de humedad de la boca, y ante estos indicadores, tiende a liberar más adrenalina, permitiendo que el cuerpo se adapte a las circunstancias. En este estado NO TENEMOS CONTROL ALGUNO. Entonces surge la necesidad de cambiar el estado ordinario por el estado contemplativo, que es lo único que nos puede permitir cambiar la conducta: el DARNOS CUENTA (tomar consciencia de…). 

R + E = R 

NOSOTROS PODEMOS cambiar en nuestro estado (estrés, sobretensión, miedo, ansiedad, angustia…), influyendo sobre el sistema autónomo. ¿Cómo? Cambiando la forma de respirar, respira de forma lenta, suave y profunda, de forma cómoda, sin forzar y ya estás provocando un cambio en tu sistema nervioso… La respiración es nasal, siendo más lenta y suave la exhalación. Llamare a esta forma de respirar: Respiración Consciente. Después, ensaliva la boca, mueve la lengua por dentro de la boca y llénala de saliva, manteniéndola siempre húmeda. Pondremos la consciencia en mantener la respiración consciente y la boca ensalivada. Esto es R + E, Respirar y Ensalivar. 

Cuando el cerebro vuelve a hacer su escaneo, detecta los cambios en la respiración y en la humedad de la boca, descartando la necesidad de liberar más adrenalina, da una orden a la cápsula adrenal y ésta se desactiva en la producción de adrenalina. Ya este primer paso, reduce el consumo de energía, con lo que empezamos a disponer de más cantidad, de más fuerza…Al ver el cerebro en el siguiente escaneo que se mantiene la respiración consciente y la boca ensalivada, empieza a liberar endorfinas, lo que produce inicialmente más relajación… Es una forma muy «barata» de reducir la tensión física, la ansiedad o el miedo… Muy barato y lo haces tú cuando lo necesitas por estrés y quieres hacerlo para sentirte mejor. La práctica contemplativa nos deshabitua de la adrenalina, dejando de necesitar estimulantes y sedantes al encontrar nuestro equilibrio con el interior, con la Conciencia que somos.

Habitualmente, cuando «encarnamos» esta técnica mediante su práctica en el día a día ante situaciones de estrés, tensión o alarma, vamos aprendiendo a regular nuestros desfases y nuestra falta de control fluido, sin ofrecer resistencia, sin apegos, soltando, como al exhalar, soltar tensión física, «parloteo mental», preocupaciones, emociones reprimidas…Ponle consciencia a tu exhalación… Si lo que quieres es conocerte y encontrar un estado de paz interior, entonces tendrás que aprender a contemplar (meditar). 

Contemplación 

En el momento en el que nos comprometemos con nosotros mismos a contemplar sin esfuerzo, sin obligación, simplemente por experimentar la no_ansiedad, el no_estrés, dejamos de practicar R + E = R y nos sentamos adoptando la «forma contemplativa». 

Contemplar no debe ser considerado como un acto o algo que hacer, es un no_hacer, un dejar de hacer cosas, de parar y reposar en la conciencia del observador, del testigo. El observador está carente de identificación, porque no está apegado a nada ni a nadie, por tanto no se implica, mantiene la distancia. Igualmente, no juzga ni culpa, simplemente observa y toma consciencia de como funciona, como reacciona, como intenta sobrevivir desconectado de la Fuente, del flujo vital. 

Esta auto_observación nos permite conocer al «personaje» que ha sustituido al Ser. Y en su forma de comportarse, en sus fijaciones y pasiones, está la clave de lo que hay que trabajar, no reprimir, ni negar, sin lucha alguna, sin ofrecer resistencia, vamos desmontando el engranaje de la personalidad, debilitándola día a día, al dejarla sin recursos ni referencias. Después vendrán algunas pequeñas noches oscuras del Alma, de las que si, aguantamos el «chaparrón» (templar), sacaremos una fuerza extra, aquella que depositamos en los conflictos del pasado y que constituyen nuestra «historial personal», la vida del personaje, del sustituto del Ser.

Poner a la mente en su sitio requiere evitar luchar contra ella (es un guerrero implacable y sin compasión), hay que restarle recursos, hasta que pase de irritable-impotente a frustrada-resignada y entonces es cuando podemos poner en su lugar (mandar) al servicio de la CONCIENCIA. 

Esta es una bondad de la contemplación, consecuencia de la práctica, porque no es un objetivo, ni una meta, es una consecuencia, simplemente ocurre (se nos da por añadidura). El resultado final es que tomamos consciencia de la Conciencia que ya somos, pero que al permanecer desconectados de Ella, perdemos el recuerdo de sí y caemos en amnesia, olvidamos nuestra auténtica naturaleza, terminando por convertirnos en monos parlantes, depredadores, carentes de tolerancia y compasión, deshumanizados, aborregados, robots con rutinas y programas (trabajar, ganar dinero, ser algo o alguien), o en zombies, que caminan por la vida muertos en vida, compitiendo en vez de compartiendo.

Lo que ocurre en tu exterior es lo que se refleja de tu interior 

«Igual arriba que abajo, igual fuera que dentro…». Esta máxima del Kybalión nos permite comprender que lo que ocurre en nuestro entorno es un reflejo de nuestro estado interior. Poco podemos hacer por cambiar el exterior, si antes no cambiamos nuestra forma de pensar y sentir, que es lo que hace que nos comportemos de una determinada manera y que a través de la emisión electromagnética que tenemos, atraigamos circunstancias correspondientes a dicha emisión. Recogemos lo que sembramos (causa y efecto). Objetivo: el cambio es interior. 

Encontramos la Paz Interior, ese estado de armonía personal e indescriptible, cuando conectamos con nuestro Ser Interno y experimentamos sin interferencias mentales, emocionales o de cualquier forma de mentira celular, la Presencia del Ser.

Desde este estado, aceptamos todo lo que ocurra en el exterior, porque una consecuencia de la Contemplación es la unificación de los tres cerebros y la consecuencia de esta unidad es un estado de Plena Conciencia, permitiendo experimentar el Cielo en la Tierra, que es un estado de Conciencia No Ordinaria, es una conexión directa, sin interferencia. En Alquimia Interior, entendemos por «sin interferencias» cuando hemos reducido bastante la mentira celular y hemos puesto a la mente en su sitio. 

Si comprendemos la naturaleza de la mente: el «parloteo» (diálogo interno), el movimiento, la actividad, ciertas dosis de adrenalina, la tensión, la ocupación… comprenderemos porqué a través de la práctica contemplativa la mente al principio se revela, la naturaleza de la Contemplación es la quietud y el silencio, lo que nos conduce a la experiencia del Vacío (Sunyata). 

Esta experiencia ocurre en el momento en el que hemos comprendido en nuestra profundidad, que existe algo en nuestro interior que se quiere realizar y que nada tiene que ver con la forma de vida que estamos llevando. 

Ahora, vamos a practicar algo útil…

Veamos las primeras fases de la Contemplación, según lo descrito en páginas anteriores.

1. La forma Contemplativa

2. Respiración Consciente

3. Ensalivar

1. Forma Contemplativa: Es lo que le da la estructura a la Contemplación a partir de colocar y ajustar el cuerpo físico para que sea posible mantener la quietud durante un tiempo determinado. Podemos empezar con 5-7 minutos e ir incrementando la práctica progresivamente, hasta llegar a los 30 minutos. 

Sentados en una silla (si es posible de madera), con los pies plantados al ancho de las caderas; los pies algo extendidos (para que no haya pliegue tras las rodillas); la zona genital al borde del asiento (ayuda en la verticalidad relajada); las manos apoyadas sobre los muslos de forma que no produzcan tensión ni en el cuello, ni en los hombros; la espalda recta sin tensión relajada; la barbilla un poco baja para favorecer la distensión del cuello; una sonrisa suave en los labios para relajar la musculatura de la cara.

2. Respiración: En Alquimia Interior la llamamos Respiración Consciente. La respiración es nasal, lenta, regular y profunda, sin forzar; siendo más lenta y suave la exhalación.

3. Ensalivar: En esta fase entra en juego una antigua técnica contemplativa taoísta (El Agua Celeste), que expondré en otra ocasión. Ensaliva la boca, mueve la lengua por dentro de la boca y llénala de saliva, manteniéndola siempre húmeda. 

Cuando la mente «no para» 

Debido a su naturaleza la mente siempre está en actividad (incluso cuando dormimos), preocupada y pendiente de que esté todo bajo control. Cuando optamos voluntariamente por quedarnos quietos en una postura, sin movernos, practicando la Respiración Consciente empieza a demandar atención en forma de ideas, pensamientos, imágenes, moviéndose entre el pasado y el futuro, evitando el tiempo presente. Ella es así…Le daremos un «hueso para que se entretenga». Cuando estemos contemplando y aparezca el mental con sus mentiras, preocupaciones, justificaciones y autoengaños, nosotros le ofrecemos un sonido: «UUUUMMMMMMMMM», el sonido que hacen los bebés o nosotros cuando nos gusta algo o nos encontramos bien…

 Inhalamos y mientras exhalamos hacemos el sonido «UUUUMMMMMMMMM». Ensalivamos la garganta, inhalamos y al exhalar otra vez «UUUUMMMMMMMMM»., y así hasta que desconectemos de la mente y conectemos con nuestro centro. Este sonido repetido como forma de mantra, ayuda a sosegar la mente, aunque al principio solo la entretenga. Después podemos llevar la actitud resultante de la Contemplación al día a día, esto es, hacerlo todo en tiempo presente, conscientes, atentos, sin prisas, sin ansiedad ni estrés, hacer desde el sosiego, siguiendo el flujo natural de las cosas, de las circunstancias, desarrollando la paciencia, la tolerancia, el respeto… Todo esto debemos empezarlo por nosotros mismos.

¡Despierta!

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