Hemos pasado del otoño, al invierno, y con el cambio de estación nuestro cuerpo se tiene que adaptar a los cambios propios de la nueva estación. Los días son más cortos, así hay menos tiempo de exposición solar y por ende, más frío y humedad. 

El invierno trae el viento frío, la lluvia, las heladas, la Tierra se contrae, se cierra en sí misma y entra en un proceso de interiorización, de reposo. 

Esta introversión también se refleja en nosotros, nos encerramos en casa buscando el calor, el recogimiento, llevándonos a la interiorización, que nos orienta a descansar más (que apetece), pero también a consumir menos energía vital. En el caso de no encontrar el equilibrio entre la actividad y el descanso, podemos sentirnos más cansados de lo habitual. 

¿Alimentación o nutrición?

Conlleva ralentizarse para adaptarnos mejor al frío; la circulación es más lenta y los sistemas que regulan la temperatura corporal están con mayor demanda y actividad. Y aunque tenemos que seguir manteniendo las rutinas diarias (trabajar, comer, desplazarnos…), al desgaste de energía tenemos que sumarle el mantenernos «calentitos», lo que supone un incremento en el aporte de calorías, de ahí que en estas fechas se incremente el consumo de alimentos grasos y de hidratos de carbono (por ejemplo mantecados, polvorones, turrones, alcohol), que establece la relación con las tradiciones de cada pueblo y la estación en curso.

También nuestro organismo tiene otras demandas a nivel energético, relacionadas con los alimentos que estén calientes (consomé, sopa, puré, pucheros, potajes…), así como alimentos que calienten (jengibre, canela, pimienta, ajo, mostaza…).
Dentro de lo posible se recomiendan alimentos del mar, en especial algas (iziki -aporta calcio-, kombu, arame) y pescados (blanco y azul, bacalao, salmón, gamba, mejillón, sepia…), que refuerzan la energía de los riñones, que se refuerzan con un toque del sabor salado, ya que el exceso de sal los bloquea. 

Además de los alimentos salados, también fortalecen la energía de estos órganos los alimentos de color negro, tales como la sepia, soja negra, miso, soja negra, azuki, sésamo negro; y los que se producen en esta estación en la sierra, tales como castañas, nueces, piñónes, avellanas, almendras… Igualmente, las frutas desecadas están indicadas, tales como: ciruelas, uvas pasas, dátiles, higos, orejones. Olvida al sésamo: aporta calcio. 

En época Yin (fría: otoño, invierno), es importante tomar alimentos Yang (calientes), por tanto, evitaremos alimentos que enfríen el organismo, no abusando de los frescos. Evitaremos los alimentos crudos. 

Debido a la relación del elemento Agua con el aparato osteo-articular, es comprensible (por similitud), añadir a los caldos y sopas huesos para extraer médula (tuétano de caña), que es un aporte precioso y que requiere para ello de cocciones largas y lentas. Igual que los huesos es lo más interno del organismo a nivel animal, en el reino vegetal lo más interno o Yin, se relaciona con las raíces, por lo que consideraremos incluir en la dieta invernal nabo, zanahoria, remolacha, hinojo, chirivía, así como la col.

Emociones:

En invierno estamos menos expuestos a la luz, esto hace que a nivel psicoemocional nuestra emotividad sea más sensible, y podemos experimentar episodios de cierta tristeza (sentimiento de soledad, abandono…) y si estamos ya algo «tocad@s» por alguna experiencia reciente o que se ha hecho persistente en el tiempo, podemos vivir esta estación con una cierta tristeza profunda, e incluso una depresión (ver revistas anteriores y en ésta, el artículo sobre las propiedades del azafrán).

Padecimientos propios del invierno: 

El trabajo de observación, realizado por los taoístas durante cientos de años, se hace obvio, tanto en sus relaciones, como en los resultados a la hora de aplicar técnicas como la humoral, acupuntura, shiatsu, reflexología, auriculopuntura, convirtiendo los 5 elementos en una joya que nos permite vislumbrar el origen de las afecciones a diferentes niveles: físico (huesos, articulaciones), afecciones renales, del oído y de la audición, en los dientes, agotamiento, mala memoria; psicoemocionales (miedo, depresión, falta de voluntad) y energéticas (afecciones locales en el recorrido de los canales -riñón y vejiga, falta de energía). 

Enfriamientos: La exposición al frío o a las corrientes de aire puede dar lugar a que nuestro cuerpo se «yinice» (se enfrié), ante la incapacidad para que nuestra energía defensiva (wei qi) pueda mantener una correcta adaptación al medio, dando lugar a moqueo líquido, mal cuerpo, temblores, adversión al frío e incluso a tener dolor en los «huesos».

El principal objetivo taoísta sería «yangizar» (calentar) el cuerpo y activen los sistemas de defensa. Para ello usaremos alimentos e infusiones que calienten el cuerpo y suban la respuesta inmunológica (adaptógenos). Por ejemplo infusión de tomillo, tila, jengibre, canela, pimienta, cardamomo… Tendremos en cuenta e ginseng o eleuterococo en cápsulas para reforzar la capacidad de adaptación al cambio climático, siendo de utilidad para subir nuestro estado de ánimo. 

También es de ayuda la práctica de vahos (ver revistas anteriores). 

Dolor articular: Otra afección del invierno son los dolores de huesos y de las articulaciones, caracterizado por estar peor por el frío y el movimiento, y en el caso de reuma en tejidos blandos peor por el frío y la humedad. Estas valoraciones tan simples, son la base para saber que elementos están afectados e implicados en la afección y que tratamiento natural tenemos que elegir para ayudar a que nuestros cuerpos (físico, psicoemocional y energético) recuperen su equilibrio.

El uso a nivel local de friegas calientes, parches de pimienta o moxas, colabora a que la energía se ponga en movimiento, puesto que entendemos que el dolor siempre aparece parejo al bloqueo del flujo de energía, más habitual en la época de frío.

Energía JING:

Puesto que los riñones contienen la energía esencial o Jing, de origen prenatal, hay que cuidar todo lo relacionado con los líquidos del cuerpo (saliva, sangre -menstruación, heridas-), semen, flujo vaginal, diarrea, sudor..), ya que la pérdida en exceso provoca una merma de Jing. Hay que cuidar la pérdida de los Jin Ye o líquidos orgánicos, para preservar la energía con la que nacemos y que al agotarse da lugar a la muerte física. También, con el paso del tiempo, la energía Jing se va agotando hasta que el cuerpo físico se queda sin esta energía, que es el Aliento del Espíritu. 

Debido a que la energía Jing tiene fecha de caducidad, nuestro sistema bio_energético a través de diferentes formas de transformación, tales como la respiración y la nutrición, obtiene energía extra para usar en el día a día, reduciendo así el gasto de Jing. Este es uno de los objetivos por lo que nuestra alimentación y la forma en la que respiramos debe ser óptima y lo más natural y ecológica posible, puesto que los alimentos que tienen más energía vital son los crudos (muy yin o enfriadores) y ecológicos (sin pesticidas, ni otro tipo de trata miento que el biológico o natural). Cuando cocinamos, los alimentos al recibir calor pierden parte de su vitalidad, así como minerales y vitaminas, pero, y aquí nace la disyuntiva, si como crudo me tengo más posibilidades de enfriarme con más facilidad…Si, así es, por eso se usa en esta estación el Wok, para «yangnizar» (quitarle el frío) los alimentos crudos y tomarlos calentitos y con un mínimo de pérdida de energía vital y de sus nutrientes. 

Qi Gong:

En Qi Gong cuando hablo de «cultivar la Esencia», me estoy refiriendo precisamente a cuidar el Jing, la energía esencial. 

Mis propuestas, además de practicar Qi Gong o cualquier Yoga Tradicional (Hatha Yoga), que ayudan a mover la sangre y la energía, por tanto, a evitar los estancamientos de la energía; los movimientos de Qi Gong van parejos a diferentes formas de respirar, lo que ayuda a enriquecer la sangre y a incrementar los niveles de oxígeno en nuestro organismo; también el trabajo de desbloqueo articular, estiramientos, torsiones, ondulaciones colabora en movilizar la sangre y la energía. 

Es parte de cultivar la Esencia evitar la pérdida de semen y de flujo en las relaciones sexuales. Aprender a retener los fluidos conlleva redirigirlos, por ello la práctica de la Orbita Microcósmica nos permite reconducir la energía sexual (Kundalini), a la vez que preservamos el Jing. 

Signos de que la energía de los riñones no está bien y nuestro nivel de Jing es bajo: 

Encanecimiento prematuro, caída del cabello, de los dientes, desgaste óseo (osteoporosis) y articular (artrosis), mala memoria y/o falta de concentración, desarreglos en la regla (más cortas, aparecen y desaparecen cada vez más asiduamente, incluso faltas durante varios meses…), dificultad para respirar bien (disnea, asma, respiración poco profunda…), sordera, enuresis nocturna, incontinencia de orina y heces, cansancio que no se recupera con el reposo… Muchos de estos signos, son también los propios del envejecimiento. 

Todo esto, se relaciona con la idea taoísta de vivir más y mejor, retardando los procesos de envejecimiento considerablemente, a través de aprender a adaptarnos a los cambios estacionales, tener una alimentación estacional, practicar Qi Gong y tratar nuestras afecciones físicas, psicoemocionales y energéticas según los 5 Elementos. Recordemos que la energía sustenta la materia y ésta, siempre sigue al pensamiento. 

Romper hábitos:

Darte cuenta, de cuan borregos somos, ayuda a cambiar hábitos y respuestas automáticas. Ha llegado el momento de comprar porque es la propuesta del sistema: seguir consumiendo y manteniéndolo. No regales nada que no sea necesario y útil, hazte responsable de tu consumo y empiza a desprogramarte, deja de ser tan bueno y obediente.

¡Despierta!

Ayuda a tus contactos a tomar conciencia. :)