Ayudar al cuerpo en la adaptación del cambio estacional es fundamental para nuestra salud, evitando en muchos casos recaídas en afecciones respiratorias (bronquitis, resfriados…), osteoarticulares (artritis, reuma…) o de tipo psicoemocional (tristeza, depresión…). 

En las fiestas que se aproximan, muchos de nuestros resortes psicoemocionales se manifiestan en forma de tristeza-enfado (hay un desacuerdo interior y una confusión) e incluso muchas personas se deprimen, unas porque añoran a seres queridos, que ya están en otro plano, otras porque no encuentran sentido a estas fiestas (hay datos que indican que Jesús nació en primavera, y no en invierno), otras por una mala situación económica no pueden celebrar nada, porque no hay nada que celebrar. También hay menos luz y nuestra pineal recorta la producción de melatonina y debido a este déficit, estamos más influenciables y más tendentes a la tristeza, el desánimo o la depresión. 

Tanto el otoño como el invierno, es un tiempo que es para el recogimiento, el sistema nos inunda de publicidad, de destellos, de objetos inútiles, de obligaciones que nos fuerzan a comprar regalos (y seguir consumiendo), pues entiendo que estas fiestas son un motor económico que favorece al sistema y en nada a los ciudadanos… Es triste para muchas personas ver la relativa capacidad de adquisición de unos, para comprar y la impotencia propia, en la que en muchos casos, apenas se llega para comer caliente o poder calentar la vivienda. En verdad es para deprimirse. 

Compartir un poco, siempre nos beneficia a todos, no es una solución, y ayuda a aguantar estos momentos de incertidumbre y penuria para los que menos tienen. Y eso de tener que regalar por regalar, cuando todo es más caro, en vez de regalar cuando hay necesidad es absurdo.

Desánimo y ansiedad: 

Hay diferentes formas de abordar los estados de desánimo, aunque si ves a menudo la televisión posiblemente te desanimes aún más. No es mala idea dejar de prestarle tanta atención a los medios de desinformación y desánimo. 

Cambiar de actitud es difícil, aunque desde el trabajo personal es fundamental, pues nuestra actitud determina la forma en la que percibimos e interpretamos el día a día. La idea no es sustituir nuestra cara por un emoticono «sonriente», es tomar consciencia de que las cosas son como son y que no las podemos cambiar, solo nos podemos cambiar nosotros mismos, siendo ese cambio el que va a repercutir en la pareja, en la familia, en la sociedad…

Nuestro estado de ánimo depende de muchos factores, climáticos o estacionales, de nuestro pasado, de la forma en la que digerimos nuestra vida, de cómo nos relacionamos, de nuestras expectativas… Y esas «formas» generan diferentes tipos de movimientos a nivel endocrino, hay una fuerte actividad de neurotransmisores, segregamos adrenalina cuando nos enfadamos, serotonina cuando estamos bien, y la presencia de una u otra está muy relacionada con nuestra actitud y a la vez, ésta de la presencia de determinados neurotransmisores y hormonas.

Existe una estrecha relación entre nuestra bioquímica, nuestra actitud y nuestros estados de ánimo… Si estamos «de bajona», tristones, desmotivados, desanimados, es debido a que nuestros niveles de serotonina están bajos, y curiosamente hay más tensión, más sensibilidad al dolor, descansamos peor e incluso no dormimos profundamente, pues la melatonina que secretamos mientras dormimos depende de nuestros niveles de serotonina. El ser menos pacientes, el estar mal humorados, etc… también va a depender del déficit de serotonina, y de la tendencia a elevar los niveles de adrenalina, pues vivimos en una sociedad estresante, competitiva y cada vez más deshumanizada, y es fácil que experimentemos estados de ansiedad, que van coincidir con nuestros niveles en alza de adrenalina. Seguir el ritmo que nos impone el sistema, termina agotando aquellos neurotransmisores y hormonas que mantienen el bienestar y potencian los que nos producen ansiedad, debido principalmente al estrés con el que vivimos, y vivir así no es vida, no es sano.

Neurotransmisores y aminoácidos:

La dopamina y la serotonina son dos sustancias químicas (neurotransmisores) producidas por el cerebro que se relacionan con las funciones motrices, los sentimientos de placer, las emociones y nuestro estado anímico. La inadecuada producción y regulación de estas sustancias es causa de padecimientos como: enfermedad de Parkinson, depresión severa e incluso hiperactividad. La dopamina juega un importante rol en la voluntad, el comportamiento, la motivación, el aprendizaje, la capacidad de manejar situaciones que producen estrés y el estado de ánimo, mientras que la serotonina regula el apetito mediante la saciedad, equilibra el deseo sexual, controla la temperatura corporal e interviene en otras muchas funciones fisiológicas. Esta última actúa también como el reloj interno de nuestro cuerpo, desempeñando una función determinante en el equilibrio del sueño en su relación con el aminoácido triptófano y la melatonina

La dopamina activa el metabolismo ayudando al cuerpo a establecer un peso saludable, también colabora con el cerebro generando la energía suficiente para «manejar» el cuerpo. Además, este neurotransmisor estimula el corazón, regula el flujo de información a través de nuestro cerebro, controla el movimiento y permite que los humanos experimentemos sentimientos de pasión y placer haciéndonos sentir bien. 

La producción de dopamina es relacionada por el consumo de alimentos, ricos en el aminoácido tirosina. Las proteínas son ricas en aminoácidos, son necesarias para la producción de dopamina y otros neurotransmisores. Incluir alimentos como: pescado, huevo, pollo y carne roja, son necesarios para el suministrar al cuerpo con los aminoácidos adecuados. También los alimentos fermentados de soja (tempeh, miso) y legumbres, que se consideran proteínas incompletas, al combinarlas con cereales, forman proteínas completas, convirtiéndose así en una fuente excelente de aminoácidos relacionados con la dopamina. Considerar los siguientes vegetales: algas, remolacha, aguacate, remolacha, brócoli, coliflor, espinaca, col rizada; y las frutas; plátano (rico en magnesio y tirosina), manzanas (ricas en quercetina), arándanos, papaya, cacao… Los frutos secos como las semillas de sésamo, calabaza, nueces y almendras, son también a considerar. El germen de trigo ayuda a producir tirosina. La cúrcuma ayuda en la producción tanto de serotonina, como de dopamina.

La serotonina es un neurotransmisor que produce nuestro cerebro y que está íntimamente conectado con nuestras emociones, estados de ánimo, deseo sexual, etc. De hecho cuando nuestro cerebro produce niveles bajos de serotonina podemos notar que nos cuesta más dormir, que estamos más tristes o que nuestra líbido disminuye. Los alimentos que favorecen la producción de serotonina son: ácidos grasos esenciales omega 3, contenidos en pescados grasos como la caballa, las sardinas o el salmón; favorecen al funcionamiento de las neuronas y las transmisiones químicas y evitan el daño causado por los radicales libres. 

El triptófano es un aminoácido esencial en la nutrición humana, uno de los 20 aminoácidos incluidos en el código genético, siendo esencial para promover la liberación de serotonina, involucrado en la regulación del sueño y el placer. La falta de triptófano puede contribuir negativamente a cuadros de ansiedad, insomnio y estrés. Este aminoácido es esencial para que la glándula pineal segregue melatonia, vital para regular el ciclo diario de sueño-vigilia. Está indicada en casos de mal dormir, depresión, ansiedad, agresividad, estrés, bulimia, niveles elevados de insulina, también colabora en la formación de vitamina B3 (niacina). El L-5-Hidroxitriptófano (5-HTP) es una variante más eficaz que el triptófano. Los alimentos que más triptófano contienen son los proteicos: carne (pollo), pescado (salmón), huevos (yema), leche y derivados lácteos; vegetales y frutas: plátano, piña, ciruela, aguacate, piña, berro, garbanzo, espárrago, frutos secos (semillas de calabaza, pipas de girasol), chocolate negro… 

La melatonina o N-acetil-5-metoxitriptamina es una neuro-hormona sintetizada a partir del aminoácido esencial triptófano. Se produce, principalmente, en la glándula pineal, y participa en una gran variedad de procesos celulares, neuroendocrinos y neurofisiológicos, como controlar el ciclo diario del sueño y su respuesta precisa a los cambios de iluminación ambiental. En otoño la luz va a menos y en invierno se reduce el tiempo de luz considerablemente, de ahí que se incrementen los episodios de tristeza, desánimo y depresión. Otra función que tiene es la de disminuir la oxidación. Los déficits de melatonina pueden ir acompañados de efectos tales como insomnio y depresión, así como una paulatina aceleración del envejecimiento. Existen alimentos que poseen precursores de la melatonina, como: avena, cerezas, maíz, vino tinto, tomates, patatas, nueces, ciruelas y arroz. 

Una alimentación rica en estos alimentos puede ayudarnos a tener niveles óptimos de estos neurotransmisores y aminoácidos y por ende, sentirnos mucho mejor, más felices, más animados, pues es fácil controlar a los ciudadanos estando desanimados y con miedo.

Vivir sin ser es muy difícil, y se es siendo, así pues todo lo que nos impide ser, aunque temporalmente nos da una relativa felicidad, termina por desviarnos del sentido de la vida. Sin drogas, sin alcohol, sin consumir en exceso, sin dependencias, se feliz potenciando tus neurotransmisores.

¡Despierta!

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