Cuanta lucha inútil por sobrevivir, sin tener en cuenta lo más evidente: la propia la muerte. Nos da miedo morir, desaparecer y por ello ejercemos tanta resistencia para evitar morir. Esto forma parte de nuestro instinto de supervivencia, pero somos algo más que instinto ¿No?. Quizás este esfuerzo nos impida tener una visión clara del sentido de la vida.

Hay un término taoísta: Wu Wei, que nos puede ayudar a reducir ese esfuerzo que considero inútil en la medida en la que nos desgasta ante lo inevitable, que nos vamos a morir.

Wu Wei: hace referencia a fluir, a no ofrecer resistencia, a dejarnos llevar por los acontecimientos, pero no de cualquier manera, porque este fluir requiere estar despierto, ser consciente de los acontecimientos para evitar entrar en conflicto. Por ejemplo, ante una situación que te ofende (evidentemente a tu «personaje», no a tu esencia), hace falta eso que respalda la actitud de no tomártelo como algo personal. Lo que hay detrás de la actitud es un estado de consciencia que nos mantiene alerta y que nos permite aceptar la experiencia como aprendizaje, por tanto, no hay «choque» o enfrentamiento, no hay huida, ni bloqueo no hay lucha, porque no podemos aprender de aquello que rechazamos. Es necesario ACEPTAR. 

Para tener libre albedrío o para poder elegir conscientemente, hay que estar consciente o ATENT@porque ante la falta de éste estado de «alerta relajada», terminamos por identificamos con el «personaje» que creemos ser (y que sustituye a nuestro Ser) entrando en conflicto (por miedo, por intereses, por incumplimiento de expectativas, por tener la razón…). Cuando nos identificamos con la mente, con el cuerpo, con las circunstancias, terminamos desconectándonos de la Fuente, entrando en conflicto e incapacitándonos para aprender de las experiencias, que es la única forma real que tenemos de sacarle partido a esta existencia, a esta vida que es una oportunidad para sacarnos el «diploma de humanidad».

Ya he hablado en otros artículos de las consecuencias de los conflictos psicoemocionales a nivel energético, y de como influyen en el correcto movimiento de los chakras y de como somatizamos en el cuerpo físico, como consecuencia de estos «encontronazos» con la experiencia del día a día. Sin consciencia no hay libertad de elección, siempre hay condicionamiento y éste genera nuestro automatismo, así como el que nuestra vida esté llena de rutinas y hábitos que «aseguren» nuestro área de confort, de comodidad y falsa seguridad, porque nada es seguro o estable, todo está en movimiento… Este es el principal motivo por el que tenemos que aprender a fluir, porque nada es estático, todo está en movimiento, todo vibra, y lo que se para o se inmoviliza se descompone, se pudre y muere.


El Camino del Guerrero
: Debido a los malos entendidos que supone utilizar esta referencia (El Camino 
del Guerrero), ya sea por las connotaciones que tiene la palabra «guerrero» o por el desconocimiento del ámbito en el que se maneja o por aquellos que la utilizan (Carlos Castaneda, Victor Sanchez, Armando Torres, Taisa Abelar, Miguel Ruiz, entre otros), he optado por llamarla: vivir con estrategia

La primera estrategia sería aprender a vivir con un cierto orden y priorizar. ¿Qué quieres para esta vida? ¿Qué sentido quieres darle? ¿Transcendente, material, un poco de todo…?

Si somos conscientes de que vamos a vivir un tiempo limitado y de que con respecto vamos teniendo más edad, tenemos menos energía y menos posibilidades de hacer lo que queremos, podremos comprender que cada etapa de la vida ofrece unas posibilidades en base a nuestro caudal de energía. 

Las cosas que hacíamos con 20 años no se pueden hacer igual con 40 o con 50… Y las cosas que hacíamos con 50 no se pueden hacer con 60 o con 70… La vida pasa y vamos a menos, hasta que nos quedamos sin energía, y al dejar esta de fluir y mantenernos, finalmente muere el cuerpo físico (vehículo) que habitamos.

Cuando un humano se embarca en los caminos del Conocimiento (no intelectual), poco a poco se va dando cuenta de que la vida ordinaria ha quedado atrás para siempre y de que los medios del mundo ordinario ya no le sirven de sostén. Si desea sobrevivir, debe adoptar otra forma de vida. Sólo viviendo como un guerrero se puede sobrevivir en el Camino del Conocimiento, porque el arte del guerrero consiste en equilibrar el terror de ser humano con el prodigio de SER (Carlos Castaneda).

La vida para un guerrero es pues, un ejercicio de estrategia. Nunca está disponible, nunca está parado en el camino esperando pedradas. Debes entender que un guerrero es un cazador inmaculado que anda a la caza del autoconocimiento, y del poder. Si consigue suficiente se convertirá en persona de conocimiento. No está borracho, ni loco, y no tiene tiempo para fanfarronear, ni para mentirse a sí mismo, ni para equivocarse en la «jugada». La apuesta es demasiado alta. Lo que pone en la mesa es la vida dura y ordenada que tanto tiempo lleva perfeccionar.

Cuando el Conocimiento se convierte en algo que da miedo, el hombre también se da cuenta de que la muerte es la compañera inseparable. Cada trocito de conocimiento se vuelve poder si tienes a la muerte como fuerza central. La muerte da el último toque, y lo que ella toca se vuelve en verdad poder. Sin la consciencia de la muerte, el guerrero no sería más que un hombre común envuelto en actos comunes. La muerte se convierte en nuestra única y auténtica consejera. 

Puesto que preocuparse por la muerte es debilitante, vivir con estrategia adopta la siguiente cualidad que necesita un guerrero para sobrevivir con cierta libertad: el desapego. La idea de la muerte inminente en vez de convertirse en obsesión, se convierte en indiferencia y en un «motor» que nos impulsa para vivir con sobriedad y sencillez. El Reino de los Cielos (como estado de Consciencia) es para los que son humildes. No hay cabida en el camino interno para el egoísmo.

Ante esta perspectiva de la muerte, vivir con estrategia propone como elemento fundamental el ahorro de energía y de tiempo, evitando su uso en inutilidades, lo que nos lleva a reducir al máximo nuestras rutinas y hábitos que nos desgastan y agotan, esto es, dejar de perder energía y aprovechar más el tiempo. Esta tarea nos lleva al concepto de impecabilidad.

Impecabilidad: Hay diferentes enfoques para redefinir esta «desgastada» palabra. Ya hemos descrito el enfoque tolteca sobre la impecabilidad, cuando hemos hecho referencia al uso del tiempo y la energía. 

Un enfoque que la puede definir es hacer algo perfecto, impecable, que llevado al vivir con estrategia, sería dar en cada momento lo mejor de nosotros sin esperar reconocimiento alguno, simplemente hacer lo que hay que hacer y hacerlo como hay que hacerlo. Por ejemplo la ceremonia del té, el realizar una «kata» en las artes marciales, o realizar cualquier actividad cotidiana con templanza y una actitud correcta (impecable).

En el contexto del «niño interior» ser impecable es mantener a toda costa la lealtad a nosotros mismos, no cediendo a chantajes o manipulaciones, ya vengan de nuestro entorno o desde nuestro «personaje». Sin lealtad, no hay camino de desarrollo interior, siempre nos podrán las justificaciones y demás mecanismos de autoengaño. Por ello, la honestidad es un elemento muy importante en el vivir con estrategia, puesto que dejamos de mentirnos a nosotros mismos, a los demás y que los demás nos mientan. Ser leales a nosotros mismos conlleva hacernos responsables

En el trabajo del eneagrama, ser impecable nos lleva a vivir desde y en la virtud y no desde los defectos psicológicos o «pecados capitales» (pecati: error; capita: cabeza). Por tanto, impecable es el que vive fuera del pecado o de los errores de la cabeza (inconsciencia). 

La impecabilidad requiere de nosotros un importante nivel de atención, puesto que sin ella caemos en la inconsciencia y soltamos las riendas de nuestras vidas, oportunidad que siempre aprovecha nuestro «personaje» para volver a llevarnos a una vida llena de rutinas inútiles, de hábitos desgastantes y de reacciones, cuyo coste de tiempo y energía es muy elevado. Esto nos lleva a la necesidad de vivir en un estado «atención relajada». Sin atención, como ahora veremos, somos una marioneta de nuestro «personaje», al igual que éste, es una marioneta del sistema que a su vez, es una marioneta de los «titiriteros» que dominan y manejan este mundo (Banca Internacional, Multinacionales…).

Atención: La atención es tanto una actitud, como un estado. Como actitud es mantenernos siempre en la Conciencia del Observador (el Testigo). Como estado es la forma relajada de observar tanto a nuestro entorno como a nosotr@s mism@s. Como consecuencia de esta auto-observación, accedemos al autoconocimiento, primero de lo que no somos y creemos ser (el «personaje»), después, con respecto vamos quitando capas y corazas, máscaras y roles, vamos encontrando (que no buscando) aquello que habita este cuerpo.

Sin atención el «personaje» coge las riendas de la máquina biológica y la conduce hacia su área de confort, de seguridad y comodidad, incapacitando a lo que habita el cuerpo a experimentar la vida tal cual es y por ende, el desarrollo interior.

La atención es parecida un «músculo», a medida que se usa y se entrena, se desarrolla, permitiendo instalar la actitud del observador/a y por otro, incrementando las conexiones con la Conciencia, siendo quizás lo más evidente de empezar a estar más atentos, el que empezamos a elegir nuestros comportamientos y reacciones, adecuándolas más a nuestra esencia interna que a las necesidades compulsivas de satisfacción inmediata de nuestro «personaje», lo que reduce nuestros niveles de egoísmo, que es uno de los objetivos de este camino de vivir con estrategia. Esto, que parece una utopía, deja de serlo con respecto nos vamos implicando conscientemente en vivir con impecabilidad, que igualmente puede ser otra utopía y entonces aparece el intento, como la forma de dedicar toda nuestra energía y recursos a Ser. Como decía Yoda en la Guerra de las Galaxias: «o lo haces o no lo haces, pero no lo intentes».

El Intento: El intento es la Fuerza de la Creación, lo que promueve o no la vida, es lo que permite la expansión del UniVerso y a la vez, lo que determina los tiempos de existencia (Muerte). Nada tiene que ver con el semiesfuerzo o la falta de implicación de: «lo voy a intentar». Todo manejo de la energía que somos orientada hacia algo o alguien se llama intento, porque en ese movimiento, el que impulsa desde su voluntad y lo que impulsa (La Fuerza) son lo mismo. Y todo lo que se une está impregnado de AMOR. Cuando nos desconectamos de la frecuencia del AMOR, aparece la dualidad, la separación, el miedo, el egoísmo, el deseo, los apegos y todo lo que nos hace sufrir y desconectarnos de la Realidad. Y la muerte es lo más real y evidente que hay que tener en cuenta.

La Muerte: Nosotros que habitamos este cuerpo, debemos tener en cuenta que tiene una fecha de caducidad, y la duración de ésta vida depende no solo de la fecha, determinada por la Muerte, también la forma en la que usamos la energía que somos y el tiempo del que disponemos para llegar a Ser.

Lo descrito es para el «personaje» todo un conflicto (como todo lo que no puede controlar), llevándolo a vivir la vida con miedo, con tensión, con mucha incomodidad e inseguridad. Para el Ser forma parte del proceso de la propia vida, puesto que siente la relación entre lo que vive y lo que muere, como una forma de transmutación y cambio, que permite la evolución y el desarrollo, tanto externo (lo que se descompone da lugar a otras formas de vida), como interno (evolución biológica -> mutación).

Pero para llegar a esta compresión profunda de la vida, tal y como la expone Rumi o cualquier místico, es necesario desidentificarnos del personaje, desapegarnos del cuerpo y dejar de mirar para poder VER la grandeza de la vida y de la muerte; la oportunidad de estar vivos y la importancia del agradecimiento, y el desapego de todo lo que vivimos y poseíamos en vida a la hora de morir, porque durante el «tránsito» de la muerte, también hay que vivir con estrategiaDejaremos el tema del «tránsito» y la ayuda a los muertos por los Bardos para otra ocasión.

Vivir con estrategia (una elección personal): Lo que le da sentido a una persona que es consciente es el reto de la muerte, puesto que la muerte, al igual que la vida es un asunto íntimo y por tanto personal. Es algo que además de aceptarlo debe ser un motor que nos saque de las rutinas, del sin sentido, del aburrimiento, de los falsos compromisos y de las obligaciones, de las ocupaciones, pre-ocupaciones y distracciones… Puesto que no hay vida para tanto, nos tenemos que volver selectivos para aprovechar el tiempo y la energía que consumen nuestros actos y decisiones.

Vivir con estrategia conlleva usar el saber que nos vamos a morir como una fuerza, un impulso, que nos hace ser sobrios, moderados, quitarnos importancia y soltar todo lo que nos desgasta y es innecesario. El saber de la muerte nos lleva a simplificar la forma en la que vivimos (sin tantas tonterías), pero sobre todo a vivir con mayor intensidad y consciencia. ¿Te imaginas vivir sin miedo?

La consciencia de la muerte nos convierte en seres más osados, más atrevidos, nos aporta el impulso de la osadía. Este es el motivo por el que apostamos la vida en un determinado intento, porque sabemos que la muerte nos espera en cualquier rincón y es inevitable el suceso de morir, y esta aceptación nos permite vivir plenamente, sin engaños, sin justificaciones, sin limitaciones… La muerte, así planteada y comprendida es el origen de la auténtica libertad, vivir sin expectativas, en tiempo presente, aquí y ahora, aceptar nuestra situación de entidades transitorias, dejando de la do el futuro, siempre incierto. Vivir con estrategia conlleva aceptar que puede que no haya mañana. Si has comprendido esto, difícilmente habrá en tu vida más aburrimiento.

Por otro lado, esta consciencia nos conduce a hacernos responsables de nuestra vida, de como la vivimos, desde donde la vivimos, la forma de nutrirnos, de respirar, de hacer, de pensar, de sentir…

Cuando te haces responsable de tu vida, tomas consciencia real de la misma, así como de las consecuencias de tus elecciones y de tus reacciones, te vuelves sobrio y selectivo con tus relaciones, e implacable en tu comportamiento, siempre orientado a no perder inútilmente tu tiempo y tu energía. Esta actitud te lleva a vivir con impecabilidad y dejarte de «tonterías» espirituales, New Age o como decía Gurdjieff: «turismo espiritual». Obtenemos pues, libertad, en la medida que nos hacemos responsables. 

Renacimiento: Con respecto vamos desmontando al «personaje», quitándole recursos o lo que es lo mismo, dejándolos de usar y sustituyéndolos por la forma de vida con estrategia, algo muere en nosotros, hay una transformación alquímica interna, producto de la «Noche Oscura del Alma», que da lugar al nacimiento o despertar del Ser que habita este cuerpo. Muere el «viejo hombre» y de sus cenizas resurge el Nuevo Hombre para vivir en el Nuevo Mundo. Todo cambio requiere una metamorfosis.

¡Despierta!

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