La importancia de tener un pH neutro es fundamental para nuestra salud, puesto que determina el estado del medio extracelular, esto es, donde viven nuestras células.

Hipócrates decía, que el medio más agresivo para nuestras células era el ácido.

No obstante, tan malo es un pH excesivamente ácido, como alcalino. Debido a la forma en la que nos alimentamos (exceso de proteínas de origen animal), a las drogas legales (colas, tabaco, café, alcohol,azúcar blanca) y al estrés con el que vivimos, nuestro pH tiende hacia la acidez, lo que favorece el desarrollo de bacterias, virus, hongos (candidas) y tumores, que en un medio alcalino no pueden sobrevivir. También es importante tener en cuenta que un proceso inflamatorio difícilmente remite si el pH es ácido, remitiendo con más facilidad si tenemos un pH neutro-alcalino.

Ciclo Acido-Base: Nuestro organismo dispone de diferentes sistemas de homeostasis, que se encarga de mantener el organismo lo más equilibrado posible. Entre estos sistemas de autorregulación, se encuentra el ciclo ácido-base, a través del cual dependiendo del horario, nuestro organismo tiende a entrar en una fase de inflamación (predominio del simpático -pH ácido) o en una fase de reconstrucción (predominio del parasimpático -pH alcalino).

Todo esto, ocurre en el medio extracelular, dependiendo el estado y las necesidades celulares, y de un horario, según los estudios de Schade-Sander-Reckeweg, en el que la fase ácida o acidosis se inicia a las 3:00 y termina a las 15:00, y entre esta hora y las 3:00 se desarrolla la fase alcalina o alcalosis.

Gracias a este ciclo, en la fase de acidosis predomina el simpático, responsable de disolver el medio extracelular (hidrolisis), entrando éste en un proceso de predomino de la inflamación, la hiperemia interna, lo que favorece la limpieza
de este medio; en esta fase también hay un incremento del metabolismo celular, aumentando los niveles de adrenalina, tiroxina, glucosa, lecitina…

Mientras que la fase simpaticotónica-ácida (acidosis) es «destructiva», la fase parasimpática o vagotónica-alcalina (alcalosis) está orientada a la reconstrucción de tejidos, reduciéndose la inflamación si nuestro estilo de vida lo permite, ya que podemos influir en los ciclos alterándolos, lo que desestabiliza los procesos de autorregulación. Esto nos conduce a enfermar por varios motivos, predominio de la acidez y agotamiento de minerales alcalinos (pérdida de masa ósea por déficit de calcio), e incapacidad para regenerarnos, lo que nos lleva a un envejecimiento prematuro. Para evitar la auto-contaminación (discrasis), es necesario el uso de técnicas humorales tales como las monodietas y los ayunos, orientados a la desintoxicación de la sangre y del medio extracelular (mesénquima)

 
Efecto «tampón»: Para mantener el pH neutro, nuestro organismo dispone de otro sistema de autorregulación, mediante el cual, cede al medio extracelular iones base o alcalis, manteniendo de esta forma el pH óptimo en los diferentes tejidos. Cuando nuestro organismo se queda sin estas reservas, ya sea por falta de aporte y/o por exceso de presencia de ácidos, entramos en un estado de acidez.

Acidosis: Cuando los mecanismos de autorregulación fallan, entramos en un estado de acidosis. Aunque la principal característica de un terreno acidótico es la inflamación, encontraremos también: fatiga crónica, estado de nerviosismo e irritabilidad, tendencia depresiva, insomnio, eczemas, hongos, calambres, predisposición a infecciones, desmineralización ósea, agudización de las reacciones alérgicas, formación de cálculos en riñones y vesícula, dolor (de cabeza, articular; dermalgias)…

Muchos síntomas, principalmente los relacionados con los procesos inflamatorios, desaparecen alcalinizando el terreno, esto es: dieta alcalinizante, remineralizante, atóxica y depurativa, aportando citratos y realizando un drenaje de ácidos mediante un drenaje de riñones y piel (glándula sudorípara), ejercicio moderado y progresivo y técnicas de relajación (Yoga, Qi Gong…). No olvidemos que el pH sanguíneo debe permanecer neutro (7,35-7,45), a fin de mantener las diferentes funciones metabólicas que permitan la homeostasis del organismo y su correcto funcionamiento psico-neuro-
inmuno-endocrino.

Entre las causas más importantes de acidosis encontraremos ejercicio intenso, estrés mantenido, falta de reposo, alimentación inadecuada, alteraciones metabólicas, renales y/o hepáticas, (acumulación de cuerpos cetónicos), pérdida de bases en casos de diarrea (motivo de la necesidad de restablecer las bases o alcalis con una bebida isotónica), insuficiencia renal para eliminar ácidos, exceso de fermentaciones intestinales, incapacidad pulmonar para eliminar dióxido de carbono, exposición intensa/prolongada al sol (incrementándose también la presencia de RL), siendo la dieta rica en ácidos y alimentos acidificantes la causa más habitual. La presencia de un terreno acidótico producirá unas alteraciones importantes en nuestro organismo, entre las que resaltaremos: desmineralización, ardor al orinar, irritación de tejidos y mucosas, sudor ácido, piel seca y agrietada, insuficiencia endocrinometabólica, formación de depósitos por falta de arrastre alcalino (articulaciones, arterias, venas, riñón, vesícula biliar…), disminución inmunológica, desequilibrios nerviosos y psicoemocionales, debilitamiento general ante la incapacidad celular para producir energía y eliminar metales pesados, reducción de la reparación y regeneración de tejidos…

¿Cómo reconocer la acidosis?:
– Falta de energía, cansancio
– Hipotermia, frío, mal cuerpo
– Falta de recuperación tras el reposo
– Tendencia depresiva, desánimo
– Ardor en ano y vías urinarias,
– Encías inflamadas, con sangrado fácil,
– Caries y debilitamiento del esmalte dental,
– Retracción de la encía,
– Cabellos sin brillo y caída de este,
– Piel seca, agrietada, eczemas secos,
– Uñas frágiles, quebradizas, estriadas…
– Calambres y espasmos musculares,
– Dolor y sonido articular,
– Hipersensibilidad al dolor,
– Lumbociáticas,
– Dolor en la carne por frío y humedad
– Facilidad para contraer infecciones…

Regular el pH: Hemos visto la importancia de tener un pH neutro y de darle predomino a la vagotonía para que nuestros sistemas de autorregulación nos mantengan sanos. También he descrito las consecuencias del pH ácido y como reconocer la acidosis. Ahora vamos a proponer algunas soluciones para que podamos vivir más sanos y con más calidad de vida.

Empecemos por la dieta, que sea más alcalina, aclarando el aspecto de los cítricos, que siendo de naturaleza ácida, al ser ensalivados, la amilasa bucal o ptialina los convierte en alcalinos. La saliva junto con la respiración adecuada, colaboran en la alcalinización, así como en el predominio de la vagotonía. Desarrollaré este tema en un próximo artículo, orientado a estimular los procesos de autocuración.

Otro asunto importante, parejo a la respiración, es el apoyo a las funciones renales, puesto que tanto los riñones como los pulmones favorecen la alcalinización del pH ácido. Los pulmones colaboran con el aporte de oxígeno y liberación de CO2, mientras que los riñones eliminan ácidos por la orina. También ayuda a regular el pH reducir la ingesta de alimentos acidificantes y que aporten ácidos, e incrementar los alimentos alcalinos, ricos en minerales, tales como algas (chlorella, dulce,iziki, kombu, nori, spirulina, wakame…), albaricoque, aguacate, almendra, apio, berenjena, berro, brócoli, brotes de germinados, calabaza, canela, castaña, cebolla, col, endivia, espinaca, fresa, frutos del bosque, hongos (maitake, shiitake, reishi), judía verde, lechuga, limón, mandarina, mango, manzana, miso, naranja, pasas, pepino, pera, pimiento rojo, piña, pomelo, rábano, rúcula, stevia, umeboshi (ciruela japonesa), uva, verduras fermentadas (chucrut), vinagre de manzana, zanahoria…


Finamente, el aporte de citratos (calcio, magnesio, zinc, manganeso…) ayudan a incrementar la cantidad de bases para compensar los niveles de ácidos, siendo las reservas para los procesos «tampón», regenerarndo los tejidos ricos en minerales alcalinos, como es el caso de los huesos. Tengamos presente el potencial regulador del pH que tiene el plasma marino.

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