Los instrumentos resonadores, sean cuencos tibetanos, de cuarzo, diapasones, campanas… provocan un movimiento de ondas que afecta tanto a nuestro entorno, como a nuestro interior.
Sin lugar a dudas, los cuencos de cuarzo son los que tienen mayor capacidad de provocar esa onda expansiva que lo «toca todo», pues el roce sobre el cuenco activa las propiedades del cuarzo, pero dejaré este tema del cuarzo para otro artículo, pues lo que me interesa describirte en esta ocasión es sobre la forma en la que el sonido, si estás presente, nos envuelve y los efectos de estás ondas sonoras sobre nuestros cuerpos: físico, mental, emocional y energético.

Cada cuerpo tiene sus sensores, todos muy sensibles a las vibraciones y frecuencias, y cada uno tiene una especialidad, por ejemplo el cuerpo físico tiene los órganos de los sentidos: ojos, oídos, tacto, gusto y olfato. Los sensores del cuerpo
mental están más relacionados con captar y emitir pensamientos, ideas, imágenes, recuerdos, ilusiones… mientras que el cuerpo emocional está más afinado con los sentimientos; siendo el cuerpo energético el que, cuando reducimos creencias, prejuicios y limitaciones impuestas, poder experimentar el mundo de las energías, es entonces cuando dejamos de mirar para VER, y si evitamos meter mente, podemos percibir el mundo tal cual es, primero energía y posteriormente la manifestación de ésta: materia.
Puesto que el mundo material está conformado por átomos, partículas y un inmenso vacío en el que estamos imbuidos y donde compartimos ondas, frecuencias y vibraciones en forma de decibelios (dB), de tonos (Hz), sonidos, colores, aromas,
temperaturas, sensaciones que forman parte del mundo de lo fenoménico, de lo que se manifiesta…
Y en medio de todo este caos nos encontramos nosotros envueltos además en diferentes tipos de emisiones electromagnéticas procedentes de móviles, microondas, ordenadores, WIFI, inalámbricos, alterando a su vez nuestro delicado equilibrio electromagnético.

Es difícil sensibilizarse en un medio tan contaminado de ondas electromagnéticas, y por otro lado tenemos que sumarle a esta dificultad nuestra mente llena de prejuicios y condicionamientos limitantes, puesto que mucho de lo que percibimos es negado por las creencias y mucho de lo que podíamos percibir es anulado por la mente, por lo que los órganos de los sentidos tienen un freno sensorial. En este punto es donde vamos a utilizar nuestro sistema nervioso como el medio idóneo que es para interconectarnos con los demás cuerpos y, poder acceder así a disponer de mayor sensibilidad.

Ambiente: Vamos a crear un ambiente idóneo, ponemos un sándalo que nos resulte agradable (en mi caso, uso AuroShikha incienso de Ambar). Es importante que la habitación no tenga corrientes ni ruidos que puedan perturbar el Trabajo; la temperatura debe ser agradable. La luz tenue, suave…

Influencias: Para reducir la influencia de las ondas electromagnéticas podemos usar orgonite o crear una red en donde vayas a realizar el trabajo con amazonita, aventurina, cuarzo ahumado, fluorita, lepidolita, sodalita, turmalina…
Relajarnos: Es importante realizar cualquier tipo de Trabajo relajados. Para ello es conveniente realizar durante unos minutos respiraciones lentas, suaves, profundas, de forma cómoda. Mientras respiramos, vamos ensalivando bien la boca.

Cuenco: Vamos a elegir un cuenco tibetano grande, pues es necesario un tono grave suave para apoyar el paso anterior: relajarnos.

Colocaremos el cuenco delante de donde nos vayamos a posicionar, reposando en una almohadilla. Golpea suavemente el borde del cuenco, dejando que entre toque y toque el sonido te vaya envolviendo mientras te vas relajando. Deja que entre toque y toque, tenga su espacio el silencio (ver artículo «Tras el Silencio», revista nº 7).

Cuando experimentes un estado de relajación, coge el cuenco y lo colocas a la altura del plexo solar y comienzas a rotar con la baqueta alrededor del borde externo, modulando la presión y el «tempo» del roce para que el cuenco empiece a «cantar». Deja que el sonido te vaya envolviendo. Las ondas cerebrales, irán pasando de frecuencias altas (estrés) a bajas (relajación).

Las ondas, igual que se desplazan en un medio líquido lo hacen también por el espacio, llegando por resonancia a nuestra «agua interior», e influenciandola positivamente con los sonidos armónicos que emite el cuenco. Esta propiedad de los cuencos tibetanos es mucho más intensa y amplia con los cuencos de cuarzo.

Con respecto a las influencias entre las ondas y el medio líquido, es interesante leer los trabajos de Masaru Emoto sobre la influencia de las ondas (tanto las emitidas a nivel mental, como lo escrito en un papel, pegado en un recipiente con agua),
en el agua de un recipiente y nuestra «agua interior»

 
Esta misma técnica la puedes usar para un familiar, amigo o paciente, pues el envolver a la persona con las resonancias de los cuencos, ayuda directamente a que su agua interna (somos entre un 70-80% agua), se autorregule con más facilidad, lo que nos aporta, además de menos estrés y más relajación, una respuesta inmunitaria adecuada (habitualmente por el estrés está disminuida), y una sensación de bienestar y plenitud.
Practica esta técnica de «envolverte con el sonido» a diario durante unos minutos, y siempre que estés tens@, estresad@, y necesites recuperar tu conexión con el Ser que habita el cuerpo.

¡Despierta!

Ayuda a tus contactos a tomar conciencia. :)